Juan Pablo Russo
09/04/2019 11:05

Un aura “marteliana" envuelve el universo sobre el que gira Los tiburones (2019), impresionante debut de la uruguaya Lucía Garibaldi en un film plagado de atmósferas espesas y asfixiantes, personajes que le escapan a los arquetipos  y una puesta en escena donde todo funciona con una perfección milimétrica.

Los tiburones

(2019)

Ganadora en Sundance del Premio a la mejor Dirección, la ópera prima de Garibaldi se ambienta en un pequeño pueblo de la costa uruguaya donde se corre el rumor de que misteriosamente han aparecido tiburones. Rosina (Romina Bentancur), una pre adolescente que integra una familia venida a menos, en pleno despertar hormonal se siente atraída por Joselo, un muchacho que trabaja para su padre. Las distancias que los separan son demasiadas amplias pero Rosina está dispuesta a todo y para lograr su cometido se moverá como si fuera un tiburón: arrasando con todo lo que se interponga en su camino.

La influencia de Lucrecia Martel sobre Garibaldi es clara e innegable. Los tiburones posee todos los elementos por los que ha transitado la cineasta salteña a lo largo de su obra, pero lo notable es como Garibaldi se apropia de ellos para resignificarlos y convertirlos en propios. Si bien uno no puede dejar de reconocer un paralelismo con La ciénaga (2001) y La niña santa (2004), hay una búsqueda narrativa y una forma de filmar, de colocar la cámara para tomar detalles que a priori pueden parecer insignificantes, que la vuelve única y personal, a la vez que demuestra una inteligencia y sensibilidad extrema para retratar con total naturalidad una historia que transita entre el realismo y lo lúdico.

Los tiburones tiene el plus de contar con personajes que le imprimen ese humor ácido y seco tan típico de la idiosincracia uruguaya, un tipo de humor que muchas veces está en una segunda línea narrativa pero que descomprime los momentos de tensión a los que se enfrenta esa fauna de seres tan apáticos que resulta inexplicable la contradictoria empatía que terminan logrando con el espectador.

Garibaldi logra un film compacto, preciso, austero pero también de una grandilocuencia desmedida en sus logros, tanto de forma como de contenido. Los tiburones cuenta una historia cuyo germen ya se se contó de mil maneras pero con la diferencia que con inteligencia y sin eufemismos lo hace de una manera desprejuiciada, original y atrevida.

9.0

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