Benjamín Harguindey
03/04/2019 00:15

El problema con la nueva versión de Cementerio de animales (Pet Sematary, 2019) es el mismo que tiene la nueva versión de It (Eso) (It, 2017): hace énfasis dónde no debería y se esfuerza demasiado en dar miedo. El payaso interpretado por Tim Curry en la versión de 1990 da miedo porque presenta una fachada jovial y se planta en aquel valle inquietante que Freud describe como una intersección espantosa entre familiar e inhumano, mientras que su versión millennial parece diseñada específicamente para dar miedo. El gato de la versión de 1989 da miedo porque es una mascota creíble; el de 2019 parece mandado a hacer para la película.

Cementerio de animales

(2019)

Dirigida por Mary Lambert, Cementerio de Animales (Pet Sematary, 1989) ha añejado mejor que la mayoría de las adaptaciones de Stephen King porque sabe partir de lo tierno o mundano para llegar al horror, pero no deja de sufrir las convenciones más bochornosas de la época. No es una muy buena película, pero King no es muy buen escritor. Lo mejor que le puede pasar a sus libros es que los adapte alguien del calibre de Stanley Kubrick, Brian De Palma o Rob Reiner.

A falta de un buen director, la remake tiene dos mediocres: Kevin Kölsch y Dennis Widmyer. En un nivel estrictamente formal, la remake es mucho más competente que la original gracias a las actuaciones versátiles, algo de humor macabro y un guión preciso con algún que otro parlamento inteligente que eleva el material. Pero por otra parte no es una película que sobresalga o se vea muy distinta a la parva de ejemplos que ofrece el género. Altera o retrasa los momentos más icónicos de la trama, jugando con la memoria del público, pero nunca crea los propios.

La historia: una familia de clase media se muda al bosque y descubre un antiguo cementerio donde todo lo que se entierra regresa a la vida poseído por una maldad asesina. Se destacan Jason Clarke como el patriarca de la familia, quien confía y depende demasiado de su racionalismo, y John Lithgow como el amable vecino que le advierte sobre el cementerio indio lindante y minutos más tarde lo recomienda (la explicación del poder manipulativo del sitio no es muy convincente). Jeté Laurence, interpretando a la hija mayor de la familia, no comparte la versatilidad de los niños It (Eso) y parece un poco demasiado consciente de que está rodando una película.

La nueva versión de Paramount es mucho más sobria y competente que su antecesora. En varios sentidos corrige y mejora la historia, pero nunca labra una iconicidad única ni se acerca a la excelencia de las mejores adaptaciones del autor. Su peor falencia es forzar demasiado el horror a través de imágenes obvias en vez de buscarlo en los detalles inocentes, incluso cursis como en la original, la cual rozaba el mal gusto. Probablemente eso la hacía una adaptación más fiel.

5.0

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