Benjamín Harguindey
01/04/2019 14:12

4x4 (2019) combina la afinidad de Mariano Cohn y Gastón Duprat por torturar a sus personajes - como el Nobel de El ciudadano ilustre (2016) y el crítico de El hombre de al lado (2009) - con las fantasías de control de una resentida clase media propias de Relatos salvajes (2014). La comparación con el film de Damián Szifrón se cierra con la presencia de un auto asesino (motivo recurrente en su obra) y su valor simbólico y material como carnada.

4x4

(2019)

La premisa suena inventada en chiste y lista para ser contada en clave de parodia, pero la historia se construye seriamente como un thriller. Un ladrón, Ciro (Peter Lanzani), se infiltra en una lujosa 4x4 estacionada, pero a la hora de huir no puede abrir las puertas, o romper los vidrios, o perforar la carrocería del vehículo. Pasada la incredulidad y desesperación inicial descubre que la camioneta - blindada, polarizada y a todos los efectos removido su interior del mundo - es una trampa mortal diseñada con el propósito de enjaular a quien se atreva violarla.

El auto recibe un llamado telefónico del dueño (Dady Brieva), quien explica la situación con la condescendencia de alguien confiado pero muy cansado. Se divide entre torturar al ladrón a control remoto y aleccionarlo con extensos soliloquios sobre el historial de inseguridad que ha sufrido su familia y por extensión tantas otras. Ciro gime, grita y gruñe. Es el indiscutible protagonista de su propio calvario pero la historia le da la voz (no necesariamente la razón) a su captor. Dado que no está equipado para hacerle frente en un nivel físico o psicológico eventualmente se introduce un tercer jugador (Luis Brandoni) en un intento por promediar los dos extremos ideológicos de la película.

4x4 pertenece al nicho del “tour de force en un espacio confinado”, como las excelentes 127 horas (127 Hours, 2010) y Buried/Enterrado (Buried, 2010). Depende tanto de la dirección como del minucioso trabajo de cámara para utilizar todos los recursos que hay a mano sin traicionar la premisa del aislamiento y agotar todas las posibilidades cinematográficas del entorno. Lanzani y Brieva dan forma a un recorrido emocional dentro de una situación estanca, pero ninguno termina de definir un personaje o ganarse la simpatía del público.

Desde el montaje inicial de planos detalle de cámaras, rejas y vidrio picado hasta las escenas de linchamiento social la temática de la inseguridad resuena con la sutileza de una alarma. Cohn, en su debut como solista, dirige un thriller efectivo pero ideológicamente marchito en el que la prioridad es hacer ruido más que decir algo, y que de ese ruido el espectador sintetice el mensaje que mejor conviene para creerse validado ya se sienta ofendido o apreciativo. 4x4 es un éxito en la medida que logra exactamente lo que se propone: causar revuelo instantáneo.

6.0

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