Adrián Monserrat
06/03/2019 08:46

Un sujeto decide vengarse de la invasión de supermercados chinos de la década de los noventa. ¿Cómo lleva a cabo esta idea? Instalando un local argentino en esas tierras asiáticas.

De Acá a la China

(2018)

Es normal hoy en día encontrar a un supermercado chino en el barrio. Moneda corriente y con ofertas mediante, estos tipos de negocios fueron un derrotero para los almacenes argentinos allá por la última etapa del siglo pasado. En lo principal, varios mercados de barrio sin tanto poder se vieron afectados y nos les quedó otra que continuar sus rumbos de otra manera. Con el paso de los años, y con la realidad aceptada, un film se plantea una especie de venganza. Facundo, interpretado por su también director Federico Marcello, cuyo padre fue uno de los principales damnificados, se dirigirá a China para abrir un supermercado con productos argentinos.

Una premisa de suma atracción propone De Acá a la China, la cual desde su inicio deja bien en claro que lo que acontecerá será toda una travesía. Al ritmo de la cumbia y en medio de un asado familiar, se nos presenta el personaje principal, quien empaca sus pertenencias dispuesto a partir lejos de su hogar. Todo es convicción y desafío en sus gestos. A partir de allí el viaje es una cómica osadía sincera y deseada sobre un hombre que lo único que pretende es desquitarse. Pero la vida siempre te tiene preparada una sorpresa: un verdadero viaje interno.

“No tengo cambio, te doy caramelos” es un comentario naturalizado en el almacén y que Facundo ejemplifica en el local denominado La Mano de Dios. Productos de nuestras tierras forman parte del paisaje: yerba, mate, dulce de leche, golosinas y más alimentos producidos acá. Y, si por si esto fuera poco para la identificación, el típico gatito de la fortuna que mueve su mano es reemplazado por uno con la cara de Maradona. Acompañado siempre de su aventurado amigo (Pablo Zapata), Facundo comienza a relacionarse con sujetos de la zona, iniciándose en la noche china, pero siempre con la idea de no involucrarse. Su objetivo es claro: vengarse y regresar.

De Acá a la China es una película divertida que bien podría confundirse en primera instancia como una especie de documental (esa era la idea original del director). Filmada en su mayoría en el exterior y con los claros valores de pertenencia inculcados, el largometraje funciona de manera perfecta a la hora de entretener y emocionar. Sin embargo, el gran sustento del film es la clave. De Acá a la China nos hace sentir identificados. Es inevitable caer en el hecho de muchas veces odiar a aquel invade. Ahí está el error, el no conocer y desestimar al sujeto que viene. Sin dudas, su historia es representativa. Todos somos iguales, todos seres humanos, sea de la cultura que sea.

8.0

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