Juan Pablo Russo
19/02/2019 16:01

Un viaje narrativo, geográfico y político es lo que proponen los brasileños Affonso Uchoa y Joao Dumans en Arábia (2017), una película cercana a esos viejos relatos épicos, novelescos, donde el protagonista recorre distintos trabajos por las zonas menos retratadas de un Brasil sumido en la pobreza y la opresión social.

Arábia

(2017)

Un adolescente encuentra el cuaderno de un trabajador que entra en coma tras un accidente en una fábrica de aluminio de Ouro Preto (Minas Gerais) donde están escritas sus memorias. Memorias en las que relata a modo de aventuras ocho años de vida laboral precarizada, tras salir de la cárcel, en distintas ciudades del sudeste brasileño.

Mediante una estructura similar a la de Las mil y una noches, el binomio de realizadores construye una road movie suburbana a partir de los relatos que André, el joven que se hizo del cuaderno, va narrando. La historia recorre con un flashback la vida de Cristiano (Aristides de Sousa), el trabajador accidentado, a través de las calles, avenidas y carreteras del sudeste brasileño, para así bosquejar una historia de amor, de nostalgia y de impotencia desde las entrañas de un personaje cuya mirada lírica nos sumerge en la realidad de la clase más desfavorecida de Brasil.

Arábia es un film enclaustrado en sus formas, donde hay una clara decisión de rellenar los laterales del encuadre. La cámara parece estar atrapada entre paredes creando un contraste espacial, un juego interesante ante la concepción tradicional de la road movie. Esta elección estética logra crear un viaje dinámico, alternando destellos musicales en medio de un ambiente bucólico y tiempos muertos, utilizando una excelente música folk en la que se mezcla la tradición popular norteamericana estilo Woody Guthrie o Pete Segger con las canciones y la música brasileña del Sertao.

Con una lectura humana y al mismo tiempo política en su mirada crítica sobre el nuevo neoliberalismo en Brasil y en el mundo entero, Arábia está repleta de tanta emoción como melancolía pero también de poesía y dolor.

8.0

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