Juan Pablo Russo
07/02/2019 14:28

En su ópera prima Lautaro García Candela toma algunos elementos de la nouvelle vague para construir una road movie urbana con giros hacia la comedia romántica que por momentos deviene en un musical. Un ensayo estilístico rohmeriano tan personal como imposible de encasillar.

Te quiero tanto que no sé

(2018)

La historia transcurre durante una noche en la ciudad de Buenos Aires. Francisco (Matías Marra) se reencuentra con Paula, de la que estaba alejado, pero no le dice nada. Es de noche y está solo después de romper con su novia. Quiere invitarla a salir pero graba mensajes que termina borrando. La busca en las redes sociales y a través de pistas que ella va dejando él trata de provocar un nuevo encuentro.

La travesía de Francisco en busca de Paula carece de toda linealidad como la propia película. En su recorrido se topa con situaciones ¿absurdas? que lo desvían del camino. Un tour por San Telmo, un partido de fútbol, el encuentro con coleccionista que compra películas en la mitad de la noche o quedar atrapado entre la pelea de su hermano y la novia son algunas de las situaciones que atraviesa el protagonista antes de llegar al incierto destino buscado.

García Candela trabaja una historia desacartonada, sin ataduras, con un humor elegante pero también con cierta nostalgia y melancolía por el pasado. De la nada un personaje aparece con su guitarra y entona canciones populares de los años 70, mientras imágenes de La civilización está haciendo masa y se deja oír (1974), de Julio Ludueña, toman por asalto la película en una suerte de homenaje a los jóvenes de antaño. Lo interesante de todo esto, además de las rupturas postmodernistas, es que entre diálogos aparentemente banales se cuela la crítica social y como al pasar en la radio se escuchan cifras de la caótica situación socioeconómica actual.

Te quiero tanto que no sé (2018) es una película honesta, libre, que le escapa a todas las convenciones. Como el postmodernismo en un principio puede resultar desconcertante, pero cuando se logra decodificar se torna tan disfrutable como una bocanada de aire fresco en medio del agobiante calor del verano porteño.

7.0

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