Rolando Gallego
13/12/2018 10:34

Cuando Pedro Almodóvar planteó, a finales de los ochenta, que sus mujeres estaban al borde de un ataque de nervios, en realidad quiso poner en evidencia de manera cinematográfica, la ausencia de películas que reflejaran problemáticas femeninas simples y honestas. Algo celosa (Jalouse, 2018) redobla la apuesta presentando al personaje protagónico, Nathalie (Karin Viard) como un ser repulsivo, arisco, desagradable, que se enfrenta a todos sus vínculos -incluida su hija- para mantenerse, hasta donde pueda, firme a sus ideales. 

Algo celosa

(2018)

Pero claro, los conflictos impulsores de la acción ubican a Nathalie en diferentes estados, transformando hacia el final su personalidad, hecho necesario para avanzar en la historia y en los eventos que acechan a la protagonista.

Si Almodóvar desde el humor pudo reflexionar sobre cuestiones asociadas a la mujer, la desigualdad de género y otros puntos que el patriarcado evitaba mencionar y que sólo los representaba parcialmente en propuestas con hombres en crisis o a punto de estarlo, aquí la comedia clásica construye el universo de esta mujer que debe asumir su posición ante un mundo moderno que la desborda. Mientras en Mujeres al borde de un ataque de nervios (1989), Pepa (Carmen Maura) asumía su futuro a fuerza de gazpachos y sororidad, acá Nathalie comienza a deambular errática entre pastillas psiquiátricas, alcohol (mucho alcohol) e insultos.

Con un escenario for export, los directores David y Stéphane Foenkinos (La delicadeza) urden la trama en esa París que se anhela en publicidades de revistas de viajes, quitándole, tal vez, el peso necesario a algunas resoluciones simples, que no encuentran explicación dentro del contexto presentado. Igualmente, ese París de departamentos con vistas increíbles, cafés y restaurantes de categoría Michelin, no son un dato, ya que Nathalie se encuentra en un estrato acomodado de la sociedad francesa, aun siendo una maestra de instituto privado que lidia con cuestiones cotidianas alejadas de ese mundo glamoroso que se muestra.

Karin Viard compone a Nathalie de una manera única, desandando los pormenores de la historia con solvencia, sea en la alegría, tristeza, depresión y euforia, como también en la exigencia física del personaje, donde también la comedia deposita muchos gags para que esos celos anunciados desde el título puedan resonar en la platea en forma de carcajadas y reflexión, empatizando con el personaje y reflexionando sobre la mujer, su cotidianeidad y posición en el mundo moderno.

7.0

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