Adrián Monserrat
05/12/2018 14:49

La corrupción, ese mal que infecta a la Argentina, es retratada a través de este estreno que, en boga a un año legislativo, se arriesga y brinda un particular panorama de la política actual.

El jardín de la clase media

(2018)

“Siempre cuídate de los nadie”. Con esa línea tan particular Pocho Grañas, el personaje que interpreta Roly Serrano aconseja a Claudio Sayago, en la piel de Luciano Cáceres, de cómo manejarse en los comienzos de su carrera política. Sin dudas una frase que enmarca determinadas particularidades de una matriz instalada en la política argentina: la corrupción. Brindando el puntapié inicial para darnos a entender que alguna traición, algún “nadie” aparecerá o algo podrá suceder en el periplo de Sayago, se inicia El jardín de la clase media (2018), film de Ezequiel Inzaghi basado en la novela homónima de Julio Pirrera Quiroga.

No es la primera vez que Inzagui se propone expresarse sobre temas sociales/políticos. En La cola (2011), largometraje que dirigió junto a Enrique Liporace, nos narraba la historia de un trabajador deseoso de establecer un sindicato dedicado a proteger sus derechos. Ahora el director ambiciona en ir por más sobre esos males que nos afectan y adapta una novela que interviene en los confines del aparato gubernamental. Para esto Inzaghi acierta al apoyarse en un elenco sólido y ecléctico. A los mencionados Cáceres y Serrano, se suman caras como la de Eugenia Tobal (Güelcom), Ludovico Di Santo (Topos), Esteban Meloni (Contrasangre), Leonor Manso (Anita) y el ya nombrado Liporace.

Este thriller político, un género no tan frecuentado por los directores argentinos, nos plantea una exploración desde la ficción de un tema tan hablado pero muy poco abarcado desde el arte. Inzaghi toma apunte de todo esto y, con la insinuación como el bastión para contar la historia, deja cabos para que el espectador vaya descubriendo tanto la trama como la intervención de cada uno de los personajes. En una historia donde se mezcla la aparición de un cuerpo en la casa del legislador Sayago, circunstancias de infidelidades (políticas, amistosas y sentimentales) y desconfianza, uno tiende a sospechar de cualquier tipo de movimiento de los personajes. El jardín de la clase media es una película necesaria en la actualidad del país, en la proximidad a un año legislativo, e ideal a la hora de graficar a la corrupción como no un hecho aislado, sino como un sistema al que se le es muy difícil escapar.

El riesgo de Ezequiel Inzaghi por contar una historia que no está tan alejada de lo que podría ser la realidad, suprime cualquier tipo de desliz que pudiera generarse en la manera de encarar esta obra. Concreta, funcionado como una especie de crítica a algo que normalizamos de forma equivocada en la política, El jardín de la clase media nos deja ese sabor agrio de algo muy complejo de combatir. “Hacete el gil”, otra de las frases que el personaje de Roly Serrano utiliza para persuadir a Sayago, es algo a lo cual no podemos hacer oídos sordos. Desde nuestra parte, como sociedad, lo que debemos es no hacer oídos sordos y denunciar, de la forma en que pudieramos, cualquier acto de corrupción.

7.0

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