Adrián Monserrat
29/11/2018 09:26

Una nueva cita con el terror nos reúne y, otra vez, una película que pretende generarnos pesadillas nos decepciona.

Demonio de medianoche

(2016)

Al leer que, en el reparto de una película de terror, uno se pudiera encontrar con semejante icono del miedo como Robert Englund (Pesadilla en la Calle Elm), no hay ecuación que se presente posible para que el film desentone. Sin embargo, Demonio de medianoche (The Midnight man, 2016), circula hacía un precipicio desde el primer minuto, en claro desaprovechamiento de la figura del actor.

El largometraje es abrupto. Rompe momentos que pudieran ser tensos con un grito o una escena de notorias intenciones a la hora de asustar. Demonio de medianoche no se preocupa en armar una historia, en profundizar en los detalles o en ser sutil, si no que provoca que el espectador adivine lo que sucederá gracias a la evidencia de sus momentos. La historia es clara y concreta. Unos niños se divierten con un juego que termina invocando al demonio del título. Años más tardes, unos jóvenes juegan al mismo juego. A todo esto, una anciana que no está bien de salud, deambula por el dormitorio. Algo no está bien y es evidente. Se pueden imaginar cómo continuará todo esto.

Hay algo en particular en películas como estas que, lejos de querer diferenciarse, se preocupan por mantener ciertos elementos en común del género actual. Como punto focal, en Demonio de medianoche, se pueden ver algunas caras conocidas del cine de terror contemporáneo. Tras mencionar anteriormente a Robert Englund, otro de los rostros familiares es el de la actriz Lin Shaye, conocida por su interpretación en la saga de La noche del demonio (Insiduos). Ella personifica de manera brillante a la anciana y genera los mejores momentos de la obra, por más escasos que sean. La protagonista del film es la joven actriz Gabrielle Haugh (Jeepers Creepers: El regreso), encargada de enfrentar al mismísimo demonio.

La dirección está a cargo de Travis Zariwny, el cual firma en los créditos finales como Travis Z. Habiendo sido el responsable de fiascos anteriores del terror como La cabaña del miedo (Cabin Fever, 2016) o Intruso (Intruder, 2016), queda claro que su continua prueba con el horror no va por el mejor camino. Tal vez la precipitación a la hora de realizar largometrajes (tres películas realizadas en el año 2016), lo lleve por una vía donde, tal como sucedió acá con Robert Englund, se desaproveche las herramientas que este maravilloso género contiene.

4.0

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