Victoria Duclós Sibuet
16/11/2018 01:02

Dirigida por Pablo Parés y Daniel de la Vega, Soy tóxico (2018) es una propuesta estéticamente generosa para crear un imaginario ubicado en Argentina con el escenario de una distopía apocalíptica.

Soy tóxico

(2018)

Un hombre se despierta en un paisaje árido, a su alrededor solo hay cadáveres secos, a la vista kilómetros de nada. Desorientado trata de encontrar un camino en el que será interceptado por distintos peligros. A medida que se adentra en este oscuro mundo reconstruye sus débiles recuerdos.

A primera vista la estética dispara el recuerdo de un universo muy similar a Mad Max: Furia en el camino (2015), con colores, objetos y hasta un personaje femenino de ojos pintados de negro como aquella furiosa Charlize Theron. Ahora si bien hay una referencia clara, también hay una identidad propia que la va despegando de la primera impresión. En la trama hay una infección que se propaga convirtiendo a los humanos en una especie de zombies a los que llaman “secos” y mientras más avanza, más se adentra en el conflicto personal del protagonista y deja a un costado el contexto general de “guerra bacteriológica en Sudamérica” del que quedan enormes ganas de más.

El lenguaje, los toques de humor y cierta autoconciencia de los sucesos típicos o clichés del género la favorecen. Al igual que el cuidado visual y sonoro para sostener minuto a minuto el verosímil de este universo fantástico, sucio, violento y peligroso.

6.0

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