Emiliano Basile
13/11/2018 00:57

Las dificultades para financiar una producción de animación llevaron al argentino Juan Antín (Mercano, el marciano) a realizar su última película en Francia con capitales europeos. Sin embargo, se trata de una historia latinoamericana en tiempos del Imperio Inca.

Pachamama

(2018)

Tepulpaï es un niño de 10 años que juega en la aldea en la que vive con su familia y amigos. Un día miembros del imperio Inca vienen a cobrar el impuesto y se llevan el añorado Huelca, un objeto con valor para los ancestros. Rescatarlo será la misión de Telpupaï acompañado de su amiga Naira antes de que lleguen los conquistadores españoles.

Pachamama (2018) es una historia convencional de animación que busca paralelos con las grandes producciones para niños actuales. Se diferencia del resto por su estética precolombina llena de colores que busca reflejar la cultura andina del antiguo Perú. Pero a la hora de desarrollar la acción, recae en una historia de aventuras (rescatar el objeto preciado para su comunidad) en un despliegue de coreografías físicas con un básico relato de buenos y malos que, si bien resalta las creencias y espíritus ancestrales ligados a la magia, quedan en un segundo plano para la historia.

En esa búsqueda de emular producción de animación mainstream Pachamama no adquiere ni el ritmo ni la comicidad de aquellas películas. Tampoco trata de distinguirse con un trazo en el dibujo diferente ni un argumento que haga hincapié en la magia mística como sucede con la francesa Kirikou y la hechicera (1998) o el poético cine del japonés Hayao Miyazaki.

En este mix, Pachamama se presenta como una película correcta que entrega un fresco sobre los tiempos del Imperio Inca a quienes lo desconocen, mostrándose como un producto for export sólido y con una técnica refinada listo para competir con otras propuestas similares.

6.0

Comentarios