Emiliano Basile
06/11/2018 16:45

¿Quién no se sintió alguna vez incomprendido? ¿Quién no sintió la imposibilidad de expresar aquello que le pasa? Cualquiera puede identificarse con alguna de esas experiencias desde las cuales el director Martín Deus universaliza una problemática históricamente asociada a una minoría. Porque Mi mejor amigo (2018) describe la fuerte atracción que sienten dos adolescentes en plena crisis de identidad, sin caer en los estereotipos recurrentes de los films de temática gay.

Mi mejor amigo

(2018)

Todo comienza cuando Caíto (Lautaro Rodríguez) llega a la casa de Lorenzo (Ángelo Mutti Spinetta), quien vive con sus padres (Guillermo Pfening y Moro Anghileri) y su hermano menor (Benicio Mutti Spinetta). Ambos son el agua y el aceite y, por circunstancias inesperadas, deben aprender a convivir. Sucede que Caíto, cargado de problemas personales con tendencia al conflicto, encuentra en Lorenzo su único cable a tierra. Entre ellos nace un fuerte vínculo que cruza sentimientos y lealtades, pero la tensión de las diferencias genera un sinfín de vaivenes emocionales.

En un campo deportivo se eligen jugadores para un picado informal. Lorenzo es uno de los últimos en ser elegido. No por su falta de habilidad en el fútbol sino por su incapacidad para relacionarse con cierta testosterona varonil que el juego requiere. Es el comienzo del film y marca un modo de entender y empatizar con el protagonista, un chico de físico delgado, cierta búsqueda intelectual en la lectura y una sensibilidad a flor de piel. Él lleva adelante la narración, desde sus ojos vemos cómo le afectan los distintos mandatos sociales como la necesidad de tener la primera experiencia sexual y ser aceptado por un grupo. Por contraste Caíto es puro físico, tiene destrezas manuales como arreglar bicicletas, es bueno en los deportes y resuelve los conflictos a los golpes. Es su manera de vincularse con el mundo y de escapar a sus problemas personales.

En este relato de opuestos lo interesante es cómo los protagonistas tratan de entenderse, encontrarse y aprender mutuamente el uno del otro. ¿Es una relación de amistad o de amor? Mi mejor amigo tiene la suficiente ambigüedad para que la naturaleza del sentimiento pase a un segundo plano y centrar el conflicto en el vínculo construido ¿Es o no posible que estén juntos? La tensión sobre el destino de ambos mantiene en vilo al espectador con absoluta naturalidad.

Martín Deus abre un abanico de emociones en muchos casos contrariadas para trasmitir el estado de ánimo de sus personajes: Un impulso y un deber ser, expresados en vivencias específicas donde las palabras sobran. Por eso Caíto se dirige a un bar y mira a la novia de otro cuando juega al pool, no le interesa la chica sino buscar peleas. También por eso, cuando Lorenzo habla con su madre valen más las miradas que la respuesta a sus preguntas. Escenas sensoriales de una película con el acento puesto en los conflictos internos de sus protagonistas con quienes uno empatiza y se identifica más allá de las circunstancias.

De esta forma Mi mejor amigo marca un antes y un después en los films de temática gay. Ya no se trata de hablar de una minoría marginal, sino de expresar los sentimientos universales que cualquier persona más allá de su orientación sexual, pueda tener.

8.0

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