Juan Pablo Russo
04/11/2018 23:17

Un cuento de terror en formato animado es la propuesta de los artistas visuales chilenos Cristobal León y Joaquín Cociña en La casa lobo (2018), reversión de varios clásicos literarios infantiles para narrar las atrocidades de Colonia Dignidad, primero una secta pedófila en el sur de Chile y más tarde un centro de tortura del gobierno pinochetista.

La casa lobo

(2018)

La historia se centra en María (voz de Amalia Kassai), una joven que escapa de una secta de religiosos alemanes para evitar ser castigada por liberar a dos cerdos de la granja. Muerta de miedo, se interna en un bosque y se esconde en una casa abandonada. Ahí encuentra a Ana y Pedrito, los cerditos que ella había liberado y que se transforman en humanos. Así, nacerá una relación filial que se va tornando siniestra y oscura, mientras un lobo los acecha y su hogar se destruye y reconstruye permanentemente (con figuras que se arman, se mueven y se desarman con papel engomado).

Galardonada con el Premio Caligari Prize de la 68 Berlinale Forum y la distinción del jurado en el Festival de Cine de Animación Aneccy, La casa lobo es una película de terror político, trabajada bajo la técnica de stop motion (animación realizada a través de sucesiones de fotografías de objetos -muchas veces figuras realizadas en plastilina- que se van moviendo cuadro a cuadro para generar el movimiento), en la que se aborda una historia real sobre la secta que fundó y lideró Paul Schäfer (más tarde implicada en torturas y desapariciones tras el Golpe de 1973) a través de la relectura de algunos clásicos de la literatura infantil como Caperucita Roja o Los tres cerditos.

Planteada como un falso documental, en un principio, luego como una película recuperada, la historia, una fantasía pesadillesca, oscura y claustrofóbica, sobre el horror fisico y el terror psicológico, que se nutre  de alegorías y metáforas, algunas explicitas, otras sutiles, es una proeza ética y estética, donde forma y contenido se funden en un film pictórico, desde lo visual, y político, en lo ideológico, para que la perversión y el arte no carezcan de limitaciones para moverse libremente.

8.0

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