Adrián Monserrat
10/10/2018 14:59

La nueva película producida por Walt Disney Pictures está inspirada en los libros de Winnie-the-Pooh. Mezclando acción real y animación, Christopher Robin: un reencuentro inolvidable (Christopher Robin, 2018) busca emocionar a todo el grupo familiar.

Christopher Robin: un reencuentro inolvidable

(2018)

Christopher Robin era aquel niño que vivía todo tipo de aventuras junto a su banda de animales de peluche. Este pequeño creció y, junto a ese desarrollo, perdió su brújula de la vida. Ahora esos amigos de la infancia buscarán rescatarlo. Marc Forster (Guerra Mundial Z) se enmarca en dirigir esta historia que, con Disney como el gran precursor de la nostalgia, nos auspicia una obra lacrimógena y encantadora. Christopher Robin: un reencuentro inolvidable promete reencontrarnos con ese niño que alguna vez fuimos.

Protagonizada por Ewan McGregor (Lo Imposible), el adulto Christopher Robin, este film recurre a los elementos clásicos de una oda a la añoranza de lo que fuimos: un viaje al autodescubrimiento, la falsa premisa de “todo tiempo pasado fue mejor” y la posibilidad de empatizar con una historia apta para toda la familia. El propósito es evidente y el entretenimiento no escasea a lo largo de los minutos del largometraje, pero la mezcla agridulce que genera no termina de convencer y hace que el relato se sumerja en una ficción que está más preocupada en crear emociones que en contar una historia.

El gran acierto y sostén de esta obra comandada por el talentoso director de Descubriendo el país de Nunca Jamás (Finding Neverland, 2004), otra película con la nostalgia como bastión, es el magnífico uso de la animación y, por sobre todas las cosas, de la construcción de un personaje adorable como Winnie the Pooh. El oso expresa ternura con cada acción. Sus movimientos no son chatos ya que están sustentados por lo que necesita describir y funciona como el contrapunto perfecto al adulto Christopher. McGregor, en cambio, brinda una confusa interpretación. Por momentos su Christopher Robin desborda nerviosismo en escenas que la calidez debería ser el centro de la cuestión. Acá el actor de Trainspotting (1996) no provoca empatía. Es parco y desesperante. Sin dudas, la atracción principal de la película termina siendo aquello por lo cual se apela a la nostalgia: la aparición de Winnie the Pooh, Tiger y compañía.

Los animales de peluche funcionan como los encargados de aparecer para despertar a Christopher Robin de un letargo sin rumbo ni sentido. Con un Robin/McGregor para dejar rápidamente de lado, Winnie the Pooh se tuvo que encargar de rescatar al film de un destino olvidable. Quizás la historia sea un gran viaje familiar ideal para entretener desde los más pequeños hasta los más grandes. Los adultos nos vamos a reencontrar con ese niño que fuimos, pero más que nada por querer alejarnos de aquel que lleva el peso del título de la película.

6.0

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