Juan Pablo Russo
19/09/2018 21:16

En su debut en el largometraje Oscar Frenkel, reconocido director de videoclips, trabaja sobre la adaptación de la novela El origen de la tristeza, de Pablo Ramos, cuya transposición cinematográfica también le corresponde al autor.

El origen de la tristeza

(2017)

La historia se sitúa en un verano de la década del 80 en Sarandí, nombrado como El Viaducto, un barrio portuario rodeado de oleoductos. Allí vive Gavilán, un pibe de 12 años que junto a otros no hace más que jugar al fútbol, estar en la calle con amigos, conseguir plata para poder debutar sexualmente, robar alcohol... Pero pasan cosas y crece de golpe.

El origen de la tristeza (2017) es una fábula iniciática con un único punto de vista: Gavilán será quien relate la historia desde el presente en base a la construcción de los recuerdos que él tiene de aquel verano. La forma elegida literalmente es la del relato off durante la mayor parte del metraje. Pablo Ramos le da vida a un Gavilán adulto al que nunca vemos y solo escuchamos. Que sea Gavilán quien tiene el punto de vista es fundamental para entender los cabos sueltos de la trama y  lo que deja abierto. Todo es como él recuerda el pasado, lo que vivió en ese momento de su vida. Es la reconstrucción de la memoria con los baches y agujeros negros característicos.

Frenkel trabaja una puesta en escena en torno a una fábula, que vira entre el artificio y el costumbrismo, con estética de videoclip, música de Ernesto Snajer y una sobre saturación de colores cálidos para construir un mundo idealizado que con el correr de los días se convertirá en un infierno. El pasaje brusco de la infancia a la adultez, la pérdida de la inocencia y el enfrentamiento con una realidad hostil son los ejes centrales de una película que asume riesgos narrativos pero que peca de cierta pretenciosidad estilística y de forma.

6.0

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