Emiliano Basile
18/09/2018 13:50

Nunca tan bien puesto el título de una película, porque la última producción de Juan José Jusid con Pablo Rago es realmente un viaje Inesperado. Dicen que cuando uno aborda una problemática de sensibilidad social como es el acoso escolar, hay que tener recaudos y ser muy cuidadoso a la hora de trabajarlo. Viaje inesperado (2018) hace todo lo contrario.

Viaje inesperado

(2018)

Esta coproducción entre Argentina y Brasil es tan atractiva como increíble por la manera que elige para abordar el delicado tema que trata. La historia comienza en Río de Janeiro, pasa por Buenos Aires y termina en Bolívar. Pero eso no es lo increíble de su recorrido sino las decisiones argumentales que toma para justificarlo.

Pablo (Pablo Rago) es un padre que lleva una vida adolescente. Vive en Río de Janeiro con una hermosa novia y trabaja de ingeniero en un edificio que deja ver el Pan de Azúcar de fondo. Pero un día lo llama su ex mujer (Cecilia Dopazo) para contarle que Andrés (Tomás Wicz), su hijo adolescente, tuvo varias reacciones violentas en el colegio. Pablo viaja y decide hacer un viaje a su Bolívar natal con su hijo para reencontrarse con él. La road movie transita problemas extremos en ambos personajes que se encuentran y desencuentran varias veces hasta afianzar sus lazos y hacer un aprendizaje.

Un padre seducido por una rubia y una morocha infernal, propia de una fantasía de Playboy, el hijo adquiere coma alcohólico en la primera salida, sexo sobre una tumba y otras tantas resoluciones que evidencian de manera gráfica y exagerada cuestiones cuyo tema ameritaba resolverse de manera sutil. Situaciones reforzadas con diálogos descabellados, que intentar poner pequeñas dosis de humor en lugares indebidos, terminan causando gracia donde no deben.

Era inevitable caer en la tentación de representar la/s escenas de bullyng, y la película lo hace con creces. Desde el relato del chico con su ex novia en el cementerio hasta las imágenes de acoso escolar son sublimes, enormemente fenomenales, que hacen que la película pegue la vuelta.

Por todos estos excesos la película es digna de verse, merece la atención porque genera sin embargo, un extraño sentido de atracción, una escena supera a la otra invitando al espectador a seguir viendo, en uno de esos casos en que el film vale por el inesperado viaje que termina siendo.

4.0

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