Victoria Duclós Sibuet
10/09/2018 14:13

Ariel Soto se inmiscuye dentro de la gran carpa del Circo Niguita y crea un documental que observa minuciosamente la superficie del maquillaje y todo lo que guardan las caras que hay debajo.

Días de circo

(2018)

El documental observa detenidamente la naturaleza de este pequeño universo en Bolivia, con carencia material y riqueza humana. Las pocas entrevistas ofrecen puntos de vista y miradas diferentes pero con mucho encanto y hacen que sea fácil entrar en esa sensación de cariño que engloba toda la película.

Nigua y su familia circense parecen vivir una aventura impulsada por un sueño de verano que los transformó en nómades, en Días de circo (2018) se pueden reconocer todas las cosas que cada uno de ellos deja atrás y también todos los prejuicios que tienen que derribar para sentirse artistas, fundamentalmente el no ser aceptado por la propia familia o caminar bajo la mirada ajena de los pueblos chicos que muchas veces conservadora los acusa de diabólicos y brujos.

Esos son los momentos con mayor carga de tristeza, cuando en palabras de los protagonistas sus deseos pasan por el ser aceptado, ser aplaudido y reconocido como alguien con la capacidad de crear un espectáculo que deslumbre, pero uno como espectador los ve lejos y en dificultades.

Los momentos más alegres tienen que ver con el entrenamiento y los ensayos, donde además tienen mucho protagonismo los más chiquitos y todo se vuelve más un juego. El alma de Días de circo está condensada en un momento en el que juegan todos en el río, donde aunque la diversión sea genuina, pero el agua de río no puede ser separada de la mala prensa y el prejuicio.

7.0

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