Emiliano Basile
03/09/2018 16:33

El documental de Cecilia Miljiker acompaña a un grupo de niños de entre 8 y 12 años en su primer año en la Escuela de Danza del Teatro Colón. Desde el período de prueba hasta la primera presentación a fin de año vemos la exigente rutina diaria de estos chicos sin obviar los sueños y lazos afectivos que crean en el camino.

Un año de danza

(2018)

En el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISATC), creado en 1960, funciona la Escuela de Danza a la que cada año se presentan 200 chicos a rendir el examen de ingreso. Entran sólo 20 de los cuales egresan muy pocos. Egresar de la escuela por su alto nivel representa una posibilidad de formar parte del Ballet Estable del Teatro Colón. La actividad requiere disciplina, sacrificio y constancia. La película cuenta a través de Juan Martín di Bene, Milagros Perrella, Massimo Cibeira Occhiuzzi, Ailín Zafra Vignola, Agostina Lomba Sabatini, Agustina Murray, María Ángeles Aguilar Giacosa, Valentín di Giorgio Minico, Lara Mariel Messina Puppo, Antonio David Leborans Pons, Luciano García, Ornella De Fante, Lola Karina Wechsler, y Jazmín Aguirre, entre otros, el duro proceso para obtener el anhelado resultado a lo largo del primer año de dicha escuela.

Un año de danza (2018) nos ingresa en un universo imaginable pero desconocido para quienes no transitan la experiencia. Se suma a una serie de films que supieron trasmitir emociones, sueños y frustraciones en el mundo del baile profesional. Desde A Chorus Line (1985) hasta Fama (1980), pasando por las más actuales Billy Elliot (2000) y Polina, danser sa vie (2016). Pero Un año de danza no habla de aventuras individuales como aquellas reconocidas películas, sino que además hace un valor del trabajo en grupo, de chicos que en su etapa de crecimiento construyen vínculos y aprenden a apoyarse en el prójimo para lograr resultados.

Con este plus el documental sigue la lógica del género deportivo –a mayor sacrificio, mejores resultados- pero sin dejar de tener en cuenta los valores humanos que se generan mientras tanto. Por eso la película se vuelve tierna y emotiva, no por su capacidad efectista para sensibilizar al espectador, sino por todo lo contrario, por saber captar la esencia humana en medio de un universo en el que el éxito y el fracaso están a la orden del día.

6.0

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