Juan Pablo Russo
16/06/2018 18:09

Premiada en Sundance, el segundo largometraje de Eliza Hittman (It Felt Like Love, 2013), indaga en la intimidad de un joven adolescente que se sumerge en un site gay de citas online en busca de adultos mayores para mantener sexo casual, mientras ante sus amigos se muestra como un recio heterosexual. Beach Rats (2017) se construye a partir de la tensión corporal violenta hacia uno mismo, intentando reprimir el reconocimiento de la propia condición sexual.

Beach Rats

(2017)

Frankie es un chico musculoso, sin rumbo, que atraviesa una crisis de identidad. Sus días transcurren fumando marihuana, jugando handball y tomándose selfies frente al espejo de su sótano. Ante sus amigos pretende ser heterosexual, sosteniendo un romance perfecto con la chica de los fuegos artificiales de Coney Island. Al mismo tiempo, Frankie busca en internet hombres mayores, con quienes intercambia fotos provocativas y mantiene encuentros sexuales en la playa.

Beach Rats encuentra su historia en el interior del personaje. Hittman pone el acento en el componente introspectivo del personaje a través de los cuatro puntos con los que interactúa: familia, amigos, pareja y lo virtual. Lo reprimido es el motor principal que mueve el film. Una angustia que no tiene que ver tanto como el tradicional angst juvenil que se presupone, sino con la rabia de sentirse, de ser, en definitiva, diferente y no poder expresarlo abiertamente.

Hittman denuncia esta situación de círculo vicioso, de anormalidad hecha constante, de estado de sitio mental donde lo primordial es encajar en el grupo, por encima de cualquier consideración personal, escondiendo una verdad que no puede salir más allá de las paredes de la propia intimidad.

Beach Rats es una película sobre el imperio del miedo y su triunfo. Miedo a la familia, a los amigos, a la pareja, miedo finalmente que triunfa sobre uno mismo haciéndole perder lo más básico, la identidad sexual.

8.0

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