Adrián Monserrat
11/06/2018 17:29

El nuevo film del director de La teoría del todo (The Theory of Everything, 2014) promete todo: un viaje acuático, un dúo protagonista estelar y una historia tan real como emocionante. Desde acá nos descalzamos para poner un poco los pies en remojo y navegar al ritmo del acento británico.

Un viaje extraordinario

(2018)

Paz, abundancia e intimidad. Soledad, desesperación e inseguridad. Sensaciones muy diversas que alguno podría vivir al emprender un camino con el agua como su insistente aliado. Realizar un viaje algunas veces podría conducir a reencontrarse con uno mismo, a darle un vuelco a la vida que hasta ahora se llevó a cabo y repriorizar cuestiones que uno creía olvidadas. Por lo tanto, realizar un recorrido de días, meses, por el agua y en la absoluta soledad, nos remite a cuestiones de tanta complejidad que, sin ningún tipo de duda, nos podría conducir a un relato, mito o un simple texto de ciencia ficción. Un viaje extraordinario (The Mercy, 2018), la cual está basada en hechos reales, nos presenta una historia donde todos estos condimentos no escasean.

Donald Crowhurst, interpretado por el siempre correcto Colin Firth (El Discurso del Rey), es un veterano de la Real Fuerza Aérea Británica con una gran pasión: el velerismo. Esta afición llega a tal punto que, sin poder dormir, se empecina en competir en la Sunday Times Golden Globe Race, la travesía más importante de su vida, la cual consiste en una carrera en yates a lo largo del mundo. Su esposa, en la piel de Rachel Weisz (El jardinero fiel), lo vive de manera contradictoria. Sus escenas reflejan el apoyo hacía su marido y el miedo a perderlo. Sin embargo, el sueño de Donald es más importante y, junto a sus tres hijos, la angustia familiar queda disminuida por el anhelo del marinero. El film se aboca en contar el viaje de Donald sin hacer hincapié en su pasado y sus sostenibles razones para encarar un traslado de tal magnitud. La falla al no evidenciar lo que vivió le otorga fragilidad e inverosimilitud a la historia.

La película está dirigida por James Marsh, el aclamado director de La teoría del todo, el cual vuelve llevar a la gran pantalla una historia verídica. Con un guion de Scott Z. Burns, aquel prestigioso guionista de las últimas películas de Steven Soderbergh (Contagio), Un viaje extraordinario se sostiene mayormente por el talento de quienes están delante de cámara. Colin Firth desarrolla un desesperado personaje en busca del perdón, y Weisz se arrincona en el llanto y el sufrimiento, sus armas más preciada. A esta dupla se le suma el magnífico David Thewlis (La teoría del todo) que, tal como nos tiene acostumbrado, brinda una interpretación que confirma su excelente talento. La historia fluye por momentos como un barco en el mar pero, sin volver al sustento de origen, sin hacer fuerza en los porqués, alcanza un momento en el que se genera una inundación de sensaciones donde se mezcla la angustia, la desesperación y el logro personal. El colmo se puede apreciar en una escena donde Donald llega a Argentina y, siendo recibido por unos argentinos satirizados como los peores anfitriones de la historia, el británico es devuelto a su yate para continuar con la carrera. No se entiende nada de lo que pasa. No hay sustento. El guion te desorienta en estos puntos y estas escenas quedan expuestas como un barco a la deriva.

Reiterando el sostenimiento de la historia por la fortaleza del trio actoral, este film británico abusa de tanta prolijidad en el manejo de la cámara y, absorbiendo la angustia y el viaje personal del protagonista, el cual ingresa en un periplo de delirios al navegar, genera en el espectador la marcada sensación de ahogo e incertidumbre. Se destaca la espera inquieta de sus hijos que, atentos a cada movimiento de Donald, son sus primeros fans, los primeros que transmiten el desasosiego por los meses que pasan y aquellos que generan la empatía inmediata con el público. En un viaje cuyo objetivo es el logro personal y la búsqueda de la misericordia, el sustento se lo termina generando aquel que se dedica a esperar al protagonista y no así las continuas acciones del mismo. La verosimilitud de este viaje es un hecho, pero la manera en la cual se nutre el film da las claras muestras que una base bien definida es la clave para generar solidez y que el agua no te derribe los cimientos.

5.0

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