Emiliano Basile
05/06/2018 16:49

Joel (2018) aborda el universo de la adopción con todo el entramado de complejidades que acarrea. Los vericuetos burocráticos y emocionales que debe atravesar una joven pareja para adoptar al niño del título, son el tema de la nueva película de Carlos Sorín que regresa al cine tras varios años de ausencia desde Días de pesca (2012).

Joel

(2018)

Narrada desde la óptica de la pareja de clase media, el film opta por construir un sólido relato sobre el significado de ser padres. Cecilia (Victoria Almeida) y Diego (Diego Gentile) son una pareja que recibe el llamado anhelado por años: hay un niño para adoptar. No es lo que esperaban, el niño tiene 9 años, muchos más de lo que suponían, y un pasado delictivo. Sin embargo, el ansia de ser padres los lleva a aceptar a Joel (Joel Noguera). Mientras se conocen con el chico, comienzan a tener problemas con su entorno a raíz de la discriminación que Joel sufre en el colegio. Entre aceptarlo con todos los problemas que implica o rechazarlo en pos de una vida de mayor comodidad, está el dilema del film.

Otra vez Carlos Sorín demuestra su don para contar pequeños y trascendentales relatos de personajes aislados en un paisaje extenso y hostil. El contundente pulso del director de Historias mínimas (2002) para captar las emociones confirma su capacidad para conmover con recursos mínimos. El drama adquiere condimentos de suspenso y mantiene en vilo al espectador hasta el final.

Un factor fundamental es el tiempo. El tiempo para aprender a ser padres, para conocerse, para aceptar al otro, difiere del tiempo social, del colegio y del sistema de adopciones. La actitud sumisa de Cecilia, la madre de Joel, la lleva a tener que aceptar ese tiempo como las reglas del juego. Reglas del juego a las que se suman la burocrática y fría distancia que impone el sistema de adopciones primero, y el rechazo discriminatorio de los habitantes de su pueblo después. En su reacción o no reacción, sucede la tensión de la película.

El otro gran personaje, como en el resto de las películas de Sorín, es el espacio geográfico donde suceden los hechos. La historia transcurre en Tolhuin, un pueblo de Tierra del Fuego, con nieve constante que le agrega a nivel sensorial, mayor frialdad a las relaciones humanas, un obstáculo mayor que sortear. El espacio, las distancias y el frío expresan las emociones atragantadas de los protagonistas.

Joel se suma así a Romper el huevo (2012) y Una especie de familia (2017), otras dos incursiones nacionales en la problemática de las adopciones. El foco está en las familias que, ante ese panorama, recurren a la resistencia y tenacidad para sortear el conflicto. Las películas mencionadas son muy distintas entre sí, Joel aborda el tema desde el drama intimista, con varios de los tópicos recurrentes del cineasta tales como el viaje al sur, las características de los lugareños y las decisiones trascendentales tomadas en este caso, en el fin del mundo.

9.0

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