Emiliano Basile
13/05/2018 21:30

Una mujer cae de rodillas con la garganta cortada, su cuello se abre en dos al punto de tener que sostenerse la cabeza con las manos para que no se le desprenda. Es la primera imagen con la que ¡Muere, Monstruo, Muere! (2018) da inicio a su terrorífico relato sobrenatural ambientado en una Mendoza rural.

¡Muere, Monstruo, Muere!

(2018)

Alejandro Fadel, director de Los salvajes (2012), demuestra un verdadero coraje al presentar su historia de asesinatos fantásticos. La película es tan dura como visceral y a la vez, tan lúgubre como fantástica. La historia comienza con la aparición del cuerpo de una mujer decapitada de forma brutal. La investigación policial sigue al policía rural Cruz (Víctor López), encargado de recopilar pistas. Encuentra en una casona abandonada en la montaña a un hombre (Esteban Bigliardi) fuera de sí que asegura escuchar voces. Otra mujer aparece en similares condiciones mientras una presencia monstruosa azota a la gente del lugar. Todo indica que se trata del hombre pero las marcas en los cadáveres sugieren un animal. Resolver el irracional enigma obsesiona al protagonista.

¡Muere, Monstruo, Muere! tienen elementos de policial sobrenatural, quizás la denominación más acertada. Pero también el paisaje rural sugiere el western, y la atmósfera de pesadilla invita a pensar en el género de terror. Fadel no hace una película fácil de catalogar sino una obra compleja que abre a múltiples interpretaciones. Podemos pensar en mitos mundanos que se hacen presentes y encarnan en la bestia del título, al estilo Nazareno Cruz y el lobo (1975), o que el monstruo es la manifestación de una aberración interna de los protagonistas. De cualquier forma, el film plantea una abstracción densa, oscura e incómoda para el espectador.

Lo cierto es que el film desarrolla una violencia desmesurada, surgida de las propias entrañas del espacio. Lo no dicho se hace cuerpo en escena de manera bestial. La ambientación y el trabajo del sonido generan el clima surreal para no distinguir realidad de fantasía. En esa ambigüedad presentada son las muertes lo único verdadero, el asesinato seriada de mujeres de manera bestial. ¿Alusión a los femicidios? La escenificación del monstruo en el final alude a una connotación sexual siempre latente en la película, propia del más extremo David Cronenberg.

Presentada en el 71 Festival de Cannes esta coproducción entre Argentina y Chile es una obra osada, arriesgada y violenta. Propia del universo personal de Alejandro Fadel que da con este film un paso más hacia las entrañas del mal.

8.0

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