Rolando Gallego
20/04/2018 17:09

La primera advertencia que hay que hacerle al espectador es que no puede ir a ver El viaje de la comida italiana (2017), de la debutante Mercedes Córdova, sin antes haberse alimentado, sea el momento del día que sea en que asista al cine. Porque más allá de su pintoresca búsqueda de raíces y la explicación al por qué de la perpetuidad de recetas y tradiciones relacionadas con la comida italiana, hay amor y pasión puesta en cada imagen de alimentos, las que hacen inevitable la generación del deseo de que aquello que se muestra en la pantalla pueda ser consumido inmediatamente al salir de la proyección.

El viaje de la comida italiana

(2017)

Anclada en el género documental gastronómico, pero también en aquellas películas que profundizan sobre cuestiones de identidad y explicaciones sobre fenómenos migratorios, E il cibo va, el viaje de la comida italiana, es el entrañable relato en primera persona de sus hacedores sobre cómo la comida puede convertirse, en casos de exilio, en aquel lugar de refugio para combatir la soledad y la nostalgia.

Mercedes Córdova bucea en el origen de la comida oriunda de Italia y sus consumidores, pero también en cómo, a partir de comienzos del siglo pasado, con la emigración voluntaria de habitantes, las recetas y tradiciones ancestrales comenzaron marcar a fuego y configurar particularmente a Nueva York y Buenos Aires como los verdaderos epicentros de la llegada al continente de aquellos que venían a hacerse la América. Este aglomeramiento generó, rápidamente, un fenómeno, el establecimiento de estas dos ciudades como centros gastronómicos con especialidades y particularidades oriundas del país europeo.

En uno de los pasajes una inmigrante en Estados Unidos dice “tengo todo aquí, no extrañé nada” refiriéndose a la posibilidad de seguir disfrutando de alimentos frescos con características parecidas a los consumidos en su lugar de nacimiento. Lo dice segura, mirando a cámara, mientras sirve en platos unos spaghettis con mariscos. En esa simple afirmación Córdova ubica la hipótesis de todo el relato, aquella que comprende a la comida como la verdadera patria de las personas, como aquel lugar para refugiarse en el recuerdo, un estado que no entiende de territorios, sino de pasión por las preparaciones y la perpetuidad de secretos e ingredientes claves para configurar aquellos sabores únicos e irrepetibles propios de cada nación.

El viaje de la comida italiana privilegia a sus entrevistados, y si bien en algunos pasajes involucra la cámara con ellos, en otros deja que las imágenes y las palabras terminen por configurar el espacio ideal para que se reafirmen sus ideas. Original en el planteo de los testimonios, rápida en la sucesión de platos y recetas, Mercedes Córdova conforma, con sencillez, el espacio para introducirnos en un universo de pizzas, platos de pastas y mariscos, necesario para referirse al saber popular, la transmisión verbal de secretos, y la construcción de una mitología potente sobre alimentos y sus especiales preparaciones.

El resultado, un verdadero tour gastronómico que privilegia el contenido sobre la forma, y que en su simpleza visual y narrativa termina por brindar elementos concretos para reforzar ideas relacionadas al exilio, la soledad, y la ausencia, superadas por muchos, como lo expresan, con un bocado de alguna preparación como las hechas en la casa materna.

8.0

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