Benjamín Harguindey
19/04/2018 15:03

¿Por dónde empezar a contemplar From Where We've Fallen (2017)? Escrita, dirigida y editada por el debutante Feifei Wang, su ópera prima es una obra impresionista que se nutre de un tono y estilo muy particular, una afectada despreocupación interrumpida de a momentos por exabruptos de ansiedad, pero cuyas escenas no poseen un valor o significado evidente. Resumir su historia sería como pasar inventario de sus constituyentes.

From Where We've Fallen

(2017)

Relativamente temprano uno de los personajes, un exportador de cristales y piedras preciosas, nos da la clave para comprender la visión detrás de la película. Sosteniendo un collar de perlas en su mano cual calavera de Yorick, Wang reflexiona sobre el concepto del tiempo y el valor de los mundanos “recipientes” que lo vuelven tangible. Se refiere tanto a los cristales que se dedica a comprar como a las bellas ruinas de las casas que fotografía más tarde - y a la película, que registra discretamente el enajenamiento de sus personajes consigo mismos y entre sí.

Gilles Deleuze, quien postuló el concepto de imagen-tiempo, aprobaría antes de tirarse por la ventana. ¿Es morbo o coincidencia que en el centro de la película alguien también se defenestra? El suicidio, en principio, es lo que une las dos mitades tan disímiles de la historia. La primera mitad sigue un extraño grupo de cuatro personajes - un cristalero, un profesor, su amante y Wang (suplente del suicida) - que viajan de hotel en hotel hasta terminar en una isla vacacional. La segunda mitad sigue a un conserje y testigo del suicidio y subsecuente chantaje.

La otra cosa que conecta las dos mitades aunque sea en un nivel material es la pesadilla de Sanqing, la inconsolable amante del profesor Sun. Va narrándola a lo largo de la historia con lujo de imágenes que por su iluminación y pregnancia son de lo más interesante que ocurre en toda la película. Vienen a responder a grandes rasgos el enigma del título, “De dónde hemos caído”, aunque nunca hay un buen motivo para que nos importe.

Sanqing sufre brotes de histeria, Sun intenta aplacarla en paralelo a los preparativos de su inminente boda. Mientras tanto hay una generosa cantidad de cachetadas, escenas tan surrealistas por su falta de contexto o sentido que generan gracia e imágenes de pescados asfixiándose en la superficie (van de la mano con la pesadilla de Sanqing). Por su parte Wang filosofa monótonamente sin una sola vez mirar a los ojos de nadie que le esté dirigiendo la palabra. Está por encima del drama. La película también.

5.0

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