Felipe Vicente
17/04/2018 16:49

Algo quema (2018) se convierte en pieza fundamental para ensamblar la inabarcable historia latinoamericana. Bajo la óptica de su nieto, caracteriza quien fue Alfredo Ovando Candia, uno de los militares bolivianos responsables de haber decidido la muerte del Che Guevara.

Algo quema

(2018)

Pasado el éxito artístico y público conseguido por Viejo Calavera (2017) el año pasado, la dirección artística del Bafici parece haber tomado la posta. Está catapultando al cine boliviano, nuevamente en ascenso. Impulsado a su vez gracias a la cinematografía chilena y brasileña, dice “acá estoy”. Averno (2017) (con paso previo en el festival de Punta del este) y Algo quema (2018), son el as y el ancho.

El documental toma el hierro caliente y se mete sin miramientos en las turbulentas aguas de la historia pesada boliviana. Durante el 64 y 82, el país vecino vivió dictaduras militares que llevaron a la sociedad hacia un antes y después. Con registro documental, Mauricio Ovando recapitula la vida de su abuelo, el dos veces presidente de facto Alfredo Ovando Candia.

Hermanos, hija y nieta (la más radicalizada) interceden durante varios pasajes con el fin de contar el otro costado. Entre la definición de la historia social y su vida personal, habitó la familia de este hombre recordado como alguien amante del entorno familiar. La incomodidad de los presentes al versionar a uno de los integrantes de la cúpula militar (que por ese entonces cohibía la democracia en Bolivia) está visible. Puede sentirse en cada conversación.

Los sucesos ocurridos durante su mandato son cristalizados por sus pares. Desde la confusa muerte en helicóptero del antecesor, René Barrientos, hasta la decisión (junto a todas las fuerzas militares) de matar al Che Guevara. Todo roza lo justificativo cuando se les pregunta. Pero no con una visión política, sino compresiva, de la hija que asegura haber tenido un padre presente, o la nieta, conmocionada por una carta de su abuelo.

Buen recurso el uso de material de archivo. Filmaciones durante actos públicos metido en su rol político, y registros caseros que remiten directamente a la familia, son el contraste vida política- familiar de Ovando. El único que toma las cosas tal cual son contadas, es decir, al hombre militar y el abuelo, es el director, quien, junto a la joven camada que nace, marca el norte a seguir para el cine boliviano.

7.0

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