Felipe Vicente
21/03/2018 22:45

La cartelera comercial a veces esconde pequeñas piezas dignas de ser encontradas. Así sucede con La Ciambra (A Ciambra, 2017). Producida por Martin Scorsese y seleccionada por Italia para participar en los últimos Oscars, este film muestra el resultado de lo que sucede cuando la marginalidad social ataca al mas vulnerable: Los niños.  

La Ciambra

(2017)

“La familia es lo primero”, dirían los Benvenuto. Y así lo toma Pio, un joven que integra una familia italiana y gitana, ubicada en Calabria. Cuando su hermano es encarcelado por robar un auto, el “benjamín” de la familia se convertirá en el gurrumin de los suburbios.  Martin Scorsese vuelve a su Italia para, junto con el realizador Jonas Carpignano, armar este relato (en principio arrimado a Cannes como un corto), que pendula entre la inocencia y la marginalidad.

El relato desata una batalla que se construye en silencio durante toda la película; el mundo de “los grandes”, contra la ingenuidad del universo infantil. Veremos a Pio negociar el precio de un televisor robado, y su miedo a subirse a los trenes, fumar cigarrillos baratos y enamorarse de la chica del barrio, estafar a un comprador y abrazar a su abuela. Películas así ya se vieron en el pasado, pero se agradece ver imágenes de calles suburbiales recorridas por personajes perdidos en tiempo y espacio que en cierto punto funcionan como flashbacks al neorrealismo italiano.

El buen ojo de los dos realizadores italoamericanos, (donde se nota que ambos aprenden juntos), prepara distintos tipos de géneros musicales para entremezclarlos y colocarlos en la misma dirección del guion. Reggeaton, latino, notas italianas y hasta un entonado tema soft pop suenan por los barrios y le dan el toque especial sobre todo a la escena final. Sin dudas, producción de esas que podrían haber gustado a la academia americana.

Pio también construirá una paradójica amistad con Koudous, inmigrante originario de Burkina faso, que vive en una colonia africana “a las afueras de lo afuera”. Él es el amigo que no tiene y es incapaz de construir con 14 años. Otra vez, es ese contrapunto social y cultural lo valioso que ofrece esta realización, que, detalle no menor, está protagonizada realmente por una familia entera del sur italiano. Así, Carpignano logra escapar del casillero de “lo superficial”, al cual podrían acudir algunos si los protagónicos hubiesen caído en manos de actores conocidos. Como si fuera poco, logra hacer un fiel retrato panorámico cuando mete su cámara para apuntillar el conflicto inmigratorio de pueblos africanos hacia Europa y como éstos interactúan con las comunidades italianas.

A su vez, es recomendable quedarse hasta lo último para disfrutar de una suave caricia a Pio, justo antes bajarse el telón, será la escena mas esperable del fin de semana para disfrutar con familia, amigos o simplemente en soledad, como vive Pio.

8.0

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