Ezequiel Obregón
25/11/2017 11:15

El documental de Manuel Abramovich retrata el minucioso trabajo de Lucrecia Martel en la dirección de su obra maestra Zama (2017). Se trata de una sucesión de planos fijos que revelan un mundo.

Años Luz

(2017)

Muchas veces, en el arte del cine (ya sea ficcional, documental, ensayístico) basta en buena medida con saber elegir desde dónde posar la mirada, sin más operaciones que la contemplación en su tiempo y espacio más justos. Algo así ocurre con Años Luz (2017), cuyo comienzo es puramente verbal. Nos sentamos en la sala, se apagan las luces, y leemos una serie de mails entre Martel y Abramovich que culminan con la aceptación de la primera de que el segundo realice un documental sobre ella y su rodaje.

A medida que avanza el metraje, es posible que nos preguntemos si Años Luz es una buena película porque Zama también lo es. En buena medida, sí. Lo cierto es que Abramovich se las ingenió para ser testigo del trabajo obsesivo, meticuloso, de una de las realizadoras más interesantes del mundo. Es posible que quienes hayan visto su última película (estrenada casi una década después de la anterior) disfruten más de este compendio de secuencias del rodaje. Aparece, por ejemplo, el detrás de escena del “momento de la llama”, que a juzgar por los resultados finales es de una composición magistral.

El documental también tiene la virtud de desglosar, a través del trabajo de Martel, los diversos elementos que integran un film, que van desde la dirección de actores, la escenografía, el vestuario, el sonido y la concepción espacial (sobre todo la interna al plano; el trabajo de la directora salteña en cuanto a los movimientos de los actores es equiparable al oficio de un orfebre).

Años Luz le quita un poco el aura de “artista inaccesible” que tiene para muchos la directora de La ciénaga (2001) y La niña santa (2004), y nos revela una mujer precisa pero amable, amorosa, que no traiciona su mirada pero es permeable a las sugerencias. Como todo buen trabajo documental, a partir de una sucesión de fragmentos nos revela todo un mundo.

8.0

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