Emiliano Basile
24/11/2017 02:12

El director del Festival de Cannes Thierry Frémaux, recopila 108 películas de las 1400 realizadas por los hermanos Louis Lumière y Auguste Lumière entre 1895 y 1905. Las divide en segmentos temáticos y narra sobre ellos información sobre la realización, la objetividad histórica y los avances en el lenguaje cinematográfico. El resultado es una exquisita clase de historia del cine, acompañada por el relato de un especialista en la materia.

¡Lumiere! Comienza la aventura

(2017)

¡Lumiere! Comienza la aventura (2017) cuenta los inicios del cine en manos de sus inventores los hermanos Lumiere. Estos hermanos (Louis Lumière era el director exclama Thierry Frémaux) no sólo crearon la filmación y la proyección, sino también la exhibición de manera colectiva, tal cómo la conocemos ahora. Frémaux hace hincapié en los avances y el ojo de autor de los entusiastas cineastas, un concepto que ni siquiera existía en aquel entonces.

El film se divide en episodios que engloban una serie de películas de 50 segundos que invitan a pensar la puesta en escena, la composición de plano, la profundidad de campo, y la posición de la cámara, determinante en cada uno de sus materiales, ya sea filmado por ellos o por uno de sus operadores.

Frémoux guía la mirada del espectador con su relato sobre cada uno de los films exhibidos. Sugiere cómo leerlos y a qué prestarle atención. De esa manera indica y puntualiza en el determinante punto de vista -que simula ser objetivo-, mientras destaca el ojo cinematográfico de autor detrás de la cámara. Un aspecto poco explorado en la obra de los Lumiere, justamente por su supuesta no intromisión en la realidad.

Al sacar la cámara a la calle, el cine de los hermanos Lumiere logra hablar del mundo, una de sus grandes virtudes, pero también dirá Thierry Frémaux: el cine es movimiento, y detalla tanto el movimiento de cámara utilizado en los films Lumiere, como de los personajes dentro del plano. El otro componente fundamental que descubrirán los directores de La salida de los obreros de la fábrica (1895) es el tiempo, y en un apartado especial describe cómo su cine capta el tiempo en pantalla.

Con la misma pasión y gracia, se describe los bloopers dentro de algunas películas imperfectas y la capacidad de trasmitir emociones para volcarlas a la pantalla. Frémaux no se contenta con hacer un detallado análisis de la obra de estos pioneros, ni entra en conflictos con otros realizadores de los orígenes. Realiza un sentido homenaje a estos hermanos de Lion que ya hace más de 120 años crearon casi todas las ideas en materia cinematográfica. “Son los últimos inventores y los primeros autores” dirá Frémaux para concluir su relato.

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