Juan Pablo Russo
20/11/2017 11:25

En Ata tu arado a una estrella (2017) la documentalista Carmen Guarini retoma un proyecto inconcluso de hace 20 años atrás, que versaba sobre la figura de Fernando Birri, para reflexionar sobre la vigencia de las utopías.

Ata tu arado a una estrella

(2017)

En 1997 Fernando Birri regresaba al país para filmar un documental en conmemoración del 30 aniversario de la muerte del Che Guevara. Ese trabajo por encargo, y del que participaban figuras de la talla de Ernesto Sábato y Osvaldo Bayer, entre otros, giraba en función al fin de las utopías. Guarini registra el detrás de escena de esa aventura cinematográfica con el fin de hacer un documental sobre el proceso creativo. Veinte años después desempolva un VHS con un primer montaje de la película inconclusa para terminar lo que nunca tuvo un final.

Ata tu arado a una estrella podrían ser dos documentales que confluyen en uno. La primera parte es un nuevo montaje de aquel viejo proyecto en formato de making off donde vemos a Sábato, León Ferrari o Bayer detrás de la cámara de Birri en un estado intimo deliberando junto al cineasta sobre la idea de un estado ideal. La cámara de Guarini los interpela desde una intimidad que los vuelve vulnerables contrariamente a como aparecerán luego en el trabajo de Birri.

Para el desenlace Guarini se traslada a la actualidad para viajar a Cuba e Italia y así volver sobre el tema sobre que versaba la obra anterior y corroborar si la hipótesis planteada en aquel momento se había confirmado o no. Pero, lejos de ese planteo inicial aparecen otros como el paso del tiempo o la muerte. La presencia fantasmagórica de un Birri de 92 años en lo que podría ser una despedida del plano terrestre filma con una GoPro viñetas sueltas, mientras emerge un nuevo tema. las nuevas tecnologías en el cine y la utopía de una nueva película.

Ata tu arado a una estrella es una película de sueños cumplidos y utopías pendientes, que bien podría haber un sido un simple homenaje sobre la admiración de una directora al gran patriarca del Nuevo Cine Latinoamericano, pero que lejos de eso (y no por no serlo) se convierte en una película que abre una discusión (al igual que lo hacía Birri en 1997) sobre la vigencia de las utopías.

8.0

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