Ezequiel Obregón
19/11/2017 18:35

Un cine en concreto (2017) aborda la pasión por el cine de un humilde albañil entrerriano. Se trata de una película sobre la persistencia y la fe en el arte como espacio de contemplación y reunión.

Un cine en concreto

(2017)

Se define como “cinófilo” pero eso no quita que sea un cinéfilo de pura cepa. Omar, un albañil del pueblo entrerriano Villa Elisa, es el protagonista de este documental que tiene la virtud de acompañarlo en su recorrido y jamás ponerse por encima de él. Esta película de la realizadora Luz Ruciello nos interpela como espectadores, a partir del trabajo de Omar y de algunos apuntes biográficos que él ofrece en primera persona, en donde se vislumbra su bonhomía e interés por compartir su pasión sin esperar nada a cambio.

El hombre fotocopia los anuncios que él mismo hace, los distribuye, selecciona las películas que proyecta en un proyector oxidado, limpia la sala (que él mismo construyó, dato no menor), oficia de acomodador. Menos de la producción de las películas, se encarga de toda la cadena que va desde el producto audiovisual hasta el espectador. No comprende las nuevas modalidades de visionado de films (jamás menciona la palabra “Netflix”) porque es consciente de la importancia de asistir a una sala y compartir un relato audiovisual. “Yo no entiendo a la gente que iba todos los fines de semana al cine y que hoy ni siente nada por el cine”, dirá en algún momento.

Un cine en concreto pertenece a ese sub-género del documental que hace foco de una “persona singular”, sólo que aquí la singularidad recae sobre el propio dispositivo audiovisual. La “empresa” de Omar es también el testimonio de una época que deja de ser algo para transformarse en otra cosa, y tal vez por eso su oficio se enaltece; resulta conmovedor ver cómo con los recursos que tiene a mano hace lo que, en definitiva, también debería hacer el Estado en todo el territorio (ya sea una gran ciudad o un pequeño pueblo). Es decir: garantizar el acceso al cine, promoverlo como un espacio nodal para la construcción y el progreso cultural.

Tal vez, el documental pudo adentrarse un poco más en las concepciones del cine que tiene Omar, de una forma más minuciosa; ¿qué tipo de material considera el más indicado para su sala? ¿Cuál descarta? ¿Por qué? Son preguntas que quedan sin respuestas más bien cerradas, pero que no opacan este retrato conciso y amable sobre un hombre que hizo de su amor por el cine su propia y austera épica.

7.0

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