Juan Pablo Russo
18/11/2017 18:07

Un retrato observacional implacable y alejado de toda condescendencia y abyección, que sin descuidar las formas no  busca banalizar la miseria a través de una imagen estilizada, sino mostrar la realidad sin filtros, es la propuesta de Juliana Antunes en Baronesa (2017). Un potente documental donde la precisión de su recorte podría hacer pensar que se está frente a una ficción.

Baronesa

(2017)

"La Baronesa" a la que hace referencia el título es una sensación, un sueño a alcanzar. Antunes va tras los pasos de Andreia, una mujer que vive en Juliana, una favela de Belo Horizonte pero con planes de mudarse a Baronesa, en Minas Gerais. El contexto es una guerra entre narcotraficantes visto a través de los ojos de Andreia y su amiga Leidiane, madre de un bebé al que debe criar, acompañar y proteger.

Baronesa es fundamentalmente un documental de montaje, pero no de los que se construyen a partir de material de archivo e intervención de las imágenes, sino armado del recorte de aquello que durante seis meses la cámara de Antunes captó, observando lo que ahí estaba sucediendo y como lo vivenciaban ambas mujeres. Es en ese montaje que la película encuentra una estructura narrativa clásica, generando en el espectador una sensación ambigua sobre si se está frente a una ficción hiperrealista o es el registro de un hecho real.

A pesar de la crudeza de las imágenes y los diálogos, el gran logro de Baronesa está en mostrar el lado esperanzador de dos mujeres desde un lugar de poder de lo femenino, donde el diálogo es vital a pesar de estar roto y la felicidad y el humor son posibles más allá del entorno que las circunda. Contradicciones que en esta historia conviven de la misma manera que las protagonistas lo hacen con la violencia latente que las circunda en un fuera de campo permanente. La escena final lo dice todo sin la necesidad de nada más que una simple imagen.

9.0

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