José C. Donayre Guerrero
14/11/2017 10:11

Dirigida por Ruben Östlund (Force Majeure: La traición del instinto) y ganadora de la Palma Oro en el 70 Festival de Cannes, The Square (2017) es una mirada particular, simple y provocadora, que a través del humor negro intenta conectar al mundo del arte -desde su lado más rígido poblado de personajes de calibre elitista- con la vida cotidiana, lo marginal, la tecnología, la pobreza y el actual revuelo de las redes sociales. Sin duda resulta polémica en su propuesta, y arriesgada aun cuando pareciera tener cierto ritmo lánguido e irse por las ramas.

The Square

(2017)

Todo comienza con la llegada a un museo de arte en Estocolmo de una exposición-instalación llamada “The Square”, que se trata de un cuadrado sobre el suelo en donde las personas posan para conversar y compartir sus confesiones, es decir, una obra que promueve sentimientos comunitarios y altruistas donde todos se vean de manera igualitaria. Christian (Claes Bang), manager y curador principal de la institución, se encuentra en la búsqueda de la agencia de difusión publicitaria para la inauguración del evento, pero paralelamente sufre el robo de su celular y billetera y por recuperar lo robado, comienza a relacionarse con gente opuesta a su status social, y eso le hará descuidar la difusión de la presentación de “The Square” y de otras obras del museo, y con ello su imagen de curador inalterable empezará a resquebrajarse.

Desde que se inicia la película muestra lo que será su marca más importante y, al mismo tiempo, lo más valorable: la construcción de lo extraño desde una atmósfera particular. En todo momento hay un aire raro que inexplicablemente resulta cautivante y atractivo y esto tiene que ver porque toda escena está planteada desde lo absurdo y desde la parodia. Sin perder su cuota de realidad, todo el tiempo se representa desde un distanciamiento que quiere no sólo adentrarnos en un suceso de vida, sino en una estética sobre el arte moderno, que es más conceptual, minimalista, etéreo. Esto hace que el espectador, a pesar de esta rareza visual y de todos los comportamientos que observa, nunca pierda su atención a las imágenes, principalmente porque de esa distancia surge el humor negro, arma tan importante cuando de parodia se trata. Todo el sinfín de personajes que se relacionan alrededor del curador general, dan la impresión de ser materiales documentales tratándose de acercarnos a lo real pero que, en un momento, la película abandona el registro verídico para volcarse de lleno a una ficción más absurda donde el humor negro se explaya con espontaneidad y frescura.

También cabe señalar cómo cambia el concepto que en su momento propuso El arca rusa (Русский ковчег, 2002) de Alexander Sokurov, donde una sola imagen apelaba a un revisionismo histórico, y el tiempo podía unir distintas civilizaciones en el interior del museo. En The Square (2017) se fuerza, de manera polémica, la unión del mundo inmaculado del museo (donde los personajes parecen impolutos y lejos de cualquier sufrimiento), con el registro de la pobreza, de los vagabundos. Sin conexión entre ambos universos se separa la mirada del arte moderno minimalista y conceptual de la gente común. El drama está ahí, en el malhumor de las personas, en la violencia que viene de afuera, en las redes sociales, verdaderas fuentes de poder ante lo que sucede adentro del museo.

Walter Benjamin postulaba que el arte pierde su aura y deja de ser un ente que solo existe en el museo como tal. Esta película supera esa idea, las obras no se saben exactamente qué son y poco importa. Se centra más en la tensión con el afuera para, finalmente, hacer un relato perturbador y lleno de fuerza. Si bien tiene cierta languidez y un ritmo cansino, e incluso puede pecar de excesiva duración y apelar en demasiadas ocasiones al melodrama, no deja de ser un film contundente que no decepciona ni decae hasta el final.

8.0

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