Ezequiel Obregón
29/10/2017 15:57

Desde hace algunas semanas puede verse en la plataforma Netflix el documental Gaga: Five foot two. Realizado en clave “detrás de escena”, esta nueva incursión en el universo del pop tiene tanto hallazgos temáticos como formales.

Gaga: Five foot two

(2017)

Desde que irrumpió en el escenario del pop desde hace casi una década con el disco The fame, Lady Gaga llamó inmediatamente la atención de todo el mundo. Fue el millonésimo anuncio de la llegada de la nueva “Reina del Pop” (destronamiento de Madonna mediante), pero también la aparición de un nuevo ícono dentro de las pistas de la cultura popular, consolidado en la capacidad de su gestora por hacer del disfraz su razón de ser. Un guiño a la época de la virtualidad y la disolución de la identidad, tan juguetona como polémica, tan ruidosa como irreverente. Si todo eso junto logró mantenerse en el tiempo y mutar hasta llegar al “grado cero” de la artista es básicamente porque había –y hay- mucho talento. El documental de Chris Moukarbel va hacia ese punto de deconstrucción del mito, para mostrar e indagar qué hay detrás del maquillaje.

El comienzo ya da en el clavo: la vemos a Gaga en pleno ascenso –literal y simbólico- hacia el cielo del Super Bowl, el evento de la cultura norteamericana que celebra la quintaesencia del estadounidense y que incluye un mini recital en donde lo monumental es su marca a fuego. Gran y primer acierto formal: lo que sigue es un retorno al pasado inmediato con la estrella en su casa, su mundo familiar, el fin de su participación en American Horror Story, la llegada de un nuevo proyecto audiovisual (la remake de Nace una estrella) y la producción de su último disco, Joanne, pródigo en canciones más sentidas y menos efectistas.

Más allá de que sea imposible saber hasta qué punto el director hizo lo que quiso (la condición propuesta por el mismo Chris Moukarbel para que Gaga acepte ser registrada fue que ella misma decidiera qué mostrar y que no), lo cierto es que Gaga: Five foot two tiene todo lo que se le debe tener este tipo de documentales: capacidad de observar para quedarse con lo más genuino, inteligencia para conectar fragmentos de una vida sin forzarlo, registro de aspectos poco conocidos pero reveladores. En este último punto, cobra especial atención todo lo relacionado a la fibromialgia, la extraña enfermedad que la estrella padece y que la encuentra entre llantos de dolor, sesiones de masajes, y confesiones en primer plano sobre el lado B de la fama. Otros momentos en donde se agradece la austeridad formal para el lucimiento de lo íntimo son los familiares, como el bautismo en donde Gaga es una más del clan, o esa secuencia plena en belleza que acontece cuando le hace escuchar a su abuela la canción que le da nombre a su disco, un homenaje a la tía que no llegó a conocer y que bien podría sintetizar el camino que ella misma ha emprendido; “Where do you think you're going, going, girl?”

8.0

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