Emiliano Basile
24/10/2017 16:45

Alberto Lecchi (El dedo en la llaga) sigue las reglas del género al hacer su última producción. Su estilo narrativo lo lleva al abordaje de un enigma sobre la identidad de un revolucionario desde el punto de vista de sus descendientes directos. El resultado es una película filmada al viejo modo, que desde su cuento busca reflexionar sobre un tema de actualidad.

Te esperaré

(2017)

Un soldado de la Guerra Civil española abandona a una mujer para ir al campo de batalla. Ella le dice “te esperaré” y elipsis mediante nos encontramos en la España actual, en la presentación de un libro dedicado a Miguel Creu, el héroe en cuestión. La identidad real de este personaje se vuelve incierta y abre la trama en dos líneas narrativas: La investigación para un nuevo tomo de la biografía de Creu que lleva al escritor Juan Benitez (Juan Echanove) a Buenos Aires, donde Creu termina su vida en manos de la última dictadura militar. Ahí vive su hijo Ariel Creu (Dario Grandinetti), un arquitecto que construye su obra cumbre –una suerte de altar- y nada quiere saber acerca de su padre pero su propio hijo (Juan Grandinetti) lo empuja a indagar en el pasado. En la búsqueda de los motivos que impulsaron al admirado héroe de guerra, aparece la película que traza vínculos y conexiones –algunas obvias, otras forzadas- entre los personajes a la sombra del idealizado revolucionario.

Te esperaré (2017) no se plantea profunda ni en cuanto a los derechos humanos ni a la crisis de identidad. Con simpleza cuenta el cuento, narra una historia con estos elementos de contexto y se permite articular a modo de espejo relaciones y composiciones de carácter a través de las generaciones. Mensaje trasmitido mediante una estructura cinematográfica de antaño, que fuerza situaciones, espacios y épocas en función de la moraleja que construye.

Sobre el final hay una intención de virar del thriller sentimental al policial de héroes y villanos. Se busca así reforzar la similitud entre personalidades y sus vínculos, tal vez, demasiado explícitas e innecesarias.

Sin embargo, la película cumple su cometido, el mensaje no deja de ser correcto y apropiado a la época, más allá de la literalidad de su enunciado.

6.0

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