Juan Pablo Russo
03/10/2017 17:52

Película intimista, de personajes que sugieren más de lo que dicen y con un tono claustrofóbico, de encierro pese al paisaje circundante, es lo que los directores Silvina Schnicer y Ulises Porra Guardiola proponen en Tigre (2017). La conflictiva relación de una familia venida a menos durante una especie de fin de semana en la casa que poseen en el Delta y que pronto desaparecerá.

Tigre

(2017)

Rina (Marilú Marini) es la matriarca de una familia en decadencia que regresa después de mucho tiempo a la casa del Tigre que está a punto de perder. Pero no lo hace sola. También estarán sus hijos (María Ucedo y Agustín Rittano), una nieta, el amigovio de esta y una amiga. La tensión atravesará un relato signado por el deseo, la sexualidad, la perdida y el rol de lo mujer en una sociedad machista.

Si hay una referencia directa a Tigre, sin duda es La ciénaga (2001) de Lucrecia Martel. O al menos puede encuadrarse dentro de ese estilo de películas en donde lo que no se dice mueve a los personajes. El dúo de directores eligen un espacio abierto y verde como lo es el Delta del Tigre para contar una historia claustrofóbica, de personajes encerrados en un mundo de represiones, desapariciones y falsas verdades. Para lograrlo cierran el foco de la cámara siguiendo a los personajes en primeros planos y tiñen el lugar con una estética lúgubre y miserable (obra de Iván Gierasinchuk), como la casa familiar que funciona como metáfora del derrumbe de sus vidas.

En Tigre todo lo esencial está en la percepción, en las miradas enigmáticas de cada uno de los personajes, en los roces, en la piel y la tensión impregnada en el aire. La sexualidad está presente todo el tiempo pero no se manifiesta y los directores acertaron en explotar esa histeria de cuerpos semidesnudos que deambulan por cada uno de los espacios. De la misma manera que juegan con las metáforas y paralelismos entre la isla y la familia.

Ulises Porra Guardiola y Silvina Schnicer debutan con una ópera prima potente, de grandes duelos actorales (María Ucedo y Marilú Marini soberbias como siempre), con la misturas de climas que la historia requiere y una puesta visual enigmática que trasciende la pantalla.

8.0

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