Juan Pablo Russo
02/08/2017 00:16

En Calabria (2016), el director suizo Pierre-François Sauter reflexiona tácitamente con sensibilidad y una buena dosis de buen humor, sobre la inmigración y el sentimiento de pérdida de las raíces.

Calabria

(2016)

Josè, portugués, y Jovan, un gitano serbio, trabajan en una funeraria en Lausana y deben transportar los restos de un trabajador inmigrante desde Suiza (su país de adopción) hasta Italia, específicamente a Calabria (donde nació y se crió). Esta insólita pareja se ve unida en una misión común: llevar de regreso el cuerpo de este hombre, que parece no tener ni identidad ni pasado, a su país. A pesar de que sus orígenes son distintos y de que proceden de culturas diferentes, Josè y Jovan comparten un sentimiento de pérdida, y sus compases internos ya no pueden mostrarles el camino hacia delante. Suiza, su país de acogida, se convierte en el escenario de su “nueva” vida, un tipo de tierra de nadie en la que empezar de cero sin mirar atrás.

Lo último de Pierre-François Sauter es una road movie existencialista. Los numerosos primeros planos de los dos protagonistas sentados en el coche, mientras revelan con timidez los detalles de su pasado, nos permiten acceder, al menos parcialmente, a su lado íntimo. El auto se convierte en un tipo de sofá freudiano en el que se tumban y dan rienda suelta a su subconsciente. Los paisajes que enmarcan el viaje de Josè y Jovan se convierten en un tipo de geográfica y emotiva tierra de nadie en la que liberan los fantasmas de su pasado. Los silencios, a menudo acompañados por las majestuosas imágenes de las carreteras cubiertas de nieve, autopistas que recuerdan al desierto o a la playa por la noche, son más expresivos que el propio diálogo.

Para los dos protagonistas su lengua materna es quizás el único vínculo real con sus raíces, un reflejo involuntario y profundamente enraizado que les recuerda a un pasado que podría ser demasiado dolorosamente reciente. Los claroscuros y las escenas rodadas en la penumbra reflejan el mundo interior de los dos personajes, donde existe un equilibrio precario de aceptación y de lucha. Josè y Jovan resisten a su condición de inmigrantes, a la pérdida de su identidad y a la desaparición de su herencia cultural.

Sauter filma la peregrinación de dos almas a la deriva que, a pesar de todo, se baten contra el olvido. Calabria es ante todo una película humanista en ciertos aspectos que transforma la sencillez de la vida diaria en poesía.

8.0

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