Emiliano Basile
30/07/2017 11:16

En línea con la estrenada el año pasado ¡No renuncio! (Quo Vado, 2016), La hora del cambio (L´ora legale, 2017) es otra sátira política italiana realizada por cómicos que parodia la situación actual. Virtud del cine italiano a la hora de representar vicios sociales desde los estereotipos con el fin de reírse de sus miserias y exponerlas en pantalla. Por supuesto, la fábula traza paralelos con otras latitudes que le dan un plus a la cuestión.

La hora del cambio

(2017)

En el pequeño pueblo siciliano de Pietrammare hay elecciones. El intendente local está anclado en el poder hace años y asociado a infinidad de hechos de corrupción -¿suena familiar?-. La gente harta del hombre decide un cambio, alguien que ordene y cumpla con la ley. Inesperadamente gana las elecciones un honesto profesor de cincuenta años que, cómo nunca sucedió en la historia de la región, cumple a rajatabla sus promesas de campaña: cumple la ley cobrando impuestos a casi todos los ciudadanos de Pietrammare generando un descontento social. Nadie se salva del rigor de la ley, ni el cura ni los familiares del intendente electo. Comienza un proceso de boicot contra su gobierno.

La gran comedia italiana se propuso develar el accionar de distintos personajes de la sociedad repletos de miserias humanas. Los monstruos (I mostri, Dino Risi, 1963), Il sorpasso (Dino Risi, 1962), Los inútiles (I vitelloni, Federico Fellini, 1953), Feos, sucios y malos (Brutti, sporchi e cattivi, Ettore Scola, 1976) -por mencionar sólo algunas-; son grandes películas que marcaron una época y tradición que el dúo cómico Salvatore Ficarra y Valentino Picone, surgido del programa de televisión Zelig Circus, recupera en esta película. No falta ninguna de las cualidades de aquel cine: un humor de principio a fin y una crítica aguda a la sociedad que representan.

Los discursos acerca del cambio nos llegan de cerca, sin embargo hay diferencias sustanciales con nuestra realidad (la noción de cambio asociada a la honestidad por ejemplo) por más que los distribuidores locales busquen el efecto reflejo llamando “La hora del cambio” a un título original que se traduce literal “La hora legal”. La hora del cambio no trata de representar ninguna realidad en particular, sino de hacer una fábula divertida y ácida acerca del modus operandi de ciertos prototipos sociales: la iglesia que se niega a pagar impuestos; la mafia que lucra con el caos de manera violenta; la juventud idealista que sostiene procesos progresistas, ciudadanos que reclaman orden que no están dispuestos a cumplir, etc.

A ellos está dirigida la crítica de una película que busca, en los lugares comunes de los ciudadanos, la identificación con el espectador. De esta manera hace efectiva y funcional su sátira política social, con un humor desopilante que invita a reflexionar.

7.0

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