Juan Pablo Russo
17/05/2017 23:03

La directora argentina Julia Solomonoff regresa al cine ocho años después de El último verano de la Boyita (2009) con Nadie nos mira (2017), una película donde reformula algunos de los tópicos que atraviesan su obra, como la identidad, el desarraigo y la migración.

Nadie nos mira

(2017)

Nico (soberbia actuación de Guillermo Pfening) es un actor de televisión argentino que el éxito lo ha acompañado. En medio de una ruptura sentimental complicada, y queriéndole dar un giro a su emergente carrera, parte a Nueva York para ser parte de un proyecto cinematográfico que se alarga en el tiempo para tal vez nunca concretarse. Sin dinero, amigos distantes, problemas migratorios, relaciones esporádicas que no fluyen y un ego que lo domina, Nico deberá hacer todo lo posible para sobrevivir en una ciudad que no registra su presencia.

Solomonoff realiza un retrato honesto sobre la situación migratoria en Estados Unidos. Lo hace sin regodearse en la miseria de sus personajes, habitual en directores como Alejandro González Iñárritu, sin la necesidad de apelar a golpes de efectos, ni ningún tipo de subrayado. El abordaje está hecho desde el punto de vista de un muchacho común, con trabajo y éxito en su país, que un día decide migrar y se encuentra con una ciudad hostil, donde nadie registra su presencia y es tratado como un invasor. Pero a pesar de eso se niega a regresar, prefiriendo vivir como un homeless, robando comida en el supermercado y cuidando a la hija de su única amiga (Elena Roger) de la que poco a poco la distancia los separará.

Que el protagonista sea actor no es azaroso sino que la elección de esa profesión es más que acertada. Es cierto que también podría haber sido un abogado, un escritor o un arquitecto. Pero el que sea actor hace que la indiferencia se note más. Alguien que vive de la mirada del otro de repente es uno más al que nadie mira. Solomonoff aprovecha también la historia y a su personaje para abrir un abanico de temas como la paternidad, las elecciones sexuales, el acoso, los vínculos y el desarraigo.

Nadie nos mira llega al cine en medio de la campaña estigmatizante que el gobierno de Donald Trump está realizando sobre la inmigración. Por eso hoy la historia se resignifica y no es la misma que la autora pensó durante el proceso creativo. Sin duda, su lectura hubiera sido totalmente diferente, aunque su importancia la misma. Como la vida, el cine va adquiriendo otras lecturas de acuerdo a las coyunturas sociopolíticas que nos rodean. Nadie nos mira es el ejemplo más claro de como una película puede ser diferente antes o después de un hecho.

8.0

Comentarios