Ezequiel Obregón
11/05/2017 23:49

El realizador Maximiliano Pelosi ingresa con Mariel espera (2017) al universo femenino, a partir de un tema doloroso. El maniqueísmo de los personajes y la puesta televisiva van en detrimento de la profundidad que merecía el film.

Mariel espera

(2017)

Mariel (Juana Viale) quedó embarazada. Es, tal vez, el único deseo que le quedaba por cumplir. Junto a su marido (Diego Gentile) buscan un departamento para mudarse y laboralmente no parece irle nada mal. Mariel se desempeña como diseñadora de iluminación y su jefa le confía un muy buen trabajo. Pero ese presente radiante se verá interrumpido cuando llegue la peor noticia: su bebé no se está desarrollando como corresponde y lo único que puede hacer es esperar a que el embrión se desprenda. Si bien recibirá gestos de afecto (de la pareja, pero también de la madre y alguna que otra amiga), nadie ni nada parece estar a la altura de sus emociones.

Es claro que la temática de este film deja un muy buen margen para abordar un episodio que sólo una mujer puede experimentar. Episodio que, por otra parte, auspicia una sensible e inteligente lectura del deseo femenino. Pero lejos de ir en esa dirección, Mariel espera opta por “imponer” secuencias, casi como si se tratara de un manual para mujeres que pierden su bebé y sólo deben esperar las últimas páginas en donde está la clave para superar el momento. Todo en este film de estética televisiva parece “de manual”, pero tal cualidad se ve reflejada especialmente en el esquematismo con el que el realizador presenta las secuencias: Mariel en el trabajo, sola y sufriente; Mariel con su madre, sola y sufriente; Mariel con su marido, sola y sufriente… Con ese lógico dolor, lo único que ofrece el relato es su mera representación, como si no se pudiera graficar una fisura, un detalle revelador, una marca ambigua en el personaje que pueda sacar al relato de su unidimensionalidad.

Tampoco ayuda la pétrea y bella figura de Juana Viale, que hace lo que puede para transponer alguna emoción en la pantalla, rodeada de esos personajes (la amante del arte que compone Graciela Alfano, un chiché absoluto) tan estereotipados, tan preocupados por volver a la normalidad burguesa que les señala que, claro, hijos se puede volver a tener, sólo hace falta seguir disfrutando del confort y todo lo demás.

3.0

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