Juan Pablo Russo
28/04/2017 20:39

Un diario de viaje convertido en una película geopolítica es la propuesta de Iván Granovsky en Los territorios (2017). Un potente documental en primera persona sobre conflictos existenciales propios que lo llevará a recorrer países como Alemania, el País Vasco, Bolivia, Francia, Mónaco, Portugal, Brasil, Israel y Palestina en busca de algo que no sabe bien que es.

Los territorios

(2017)

Iván es hijo del reconocido periodista de Página 12 Martín Granovsky, durante muchos años se desempeñó como productor cinematográfico (o al memos muchos creyeron que lo era), pensó en dedicarse a la historia, al periodismo, ser corresponsal de guerra, hasta que se dedicó a la dirección. Sus primeras ideas fueron para unas ficciones que nunca concluyeron o que ni siquiera comenzaron a rodarse.

Acompañar a su padre durante unas entrevistas con los más altos representantes de la Patria Grande lo motivan a realizar una gira en busca de diferentes sucesos geopolíticos por los más conflictivos lugares del mundo. De Alemania a la París post atentados, del País Vasco a la Franja de Gaza y de Palestina a Israel, Los territorios se convierte en una road movie en formato de diario de viaje que no solo la servirá al personaje para encontrarse a sí mismo sino también al espectador para conocer desde otra mirada los sucesos que hoy son tapa de todos los medios internacionales.

Granovsky muestra desde un costado informal la construcción de una noticia, los puntos de vista, las influencias ideológicas y hasta la desinformación de un entrevistador frente a su interlocutor. Y lo hace a partir de él mismo, sin miedo al ridículo ni a la exposición.

Los territorios es una película diferente a todo lo visto y eso es lo que la vuelve atractiva. Es una crónica periodística como nunca el cine mostró, es trágica pero también divertida, no es egocéntrica (el gran problema de este tipo de documentales) porque Granovsky deja de ser un personaje real para convertirse en un personaje de la película, en un actor que se interpreta a sí mismo. También habla de problemáticas y coyunturas políticas sin solemnidad, y muestra el mundo real a través de la visión de una persona común pero con la capacidad suficiente de análisis y comunicación para convertir sus experiencias personales en una película que no solo le pueda interesar a él y a quienes lo conocen, sino a todo el mundo.

8.0

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