Rolando Gallego
27/04/2017 17:42

El absurdo, la comedia, el drama, la reivindicación LGBT, todo se conjuga y se mezcla en Las Malcogidas (2017), debut en la dirección de la también actriz Denisse Arancibia, en una propuesta que intenta abarcar tanto en esta primera realización que terminan por resentir algunas buenas ideas y disolverlas, para rápidamente afectar a toda la propuesta.

Las Malcogidas

(2017)

Carmen (Denisse Arancibia) es una mujer que vive con su abuela (Marta Monzón) y hermano (Bernardo Arancibia Flores), tiene sobrepeso, y sueña con príncipes azules y un cuerpo ideal al ritmo de canciones clásicas del rock argentino, las que diegéticamente atraviesan toda la narración.

Sus días transitan entre llenarse de comida chatarra, hacerle caso a las indicaciones de su familia y pensar cómo puede hacer para finalmente lograr el placer sexual, mientras se debate por el profundo amor que siente por un vecino musculoso. Su mente va y viene con coreografías y sonidos. El apoyo a su hermano, un hombre que a pesar de su cuerpo varonil y tupida barba, se trasviste todas las noches para militar por sus derechos y defenderse de los recurrentes ataques y violencia que recibe, le sirve para acompañarlo en su decisión de querer realizarse una costosa operación para cambiar de sexo. Y en el camino por encontrarse, por entender realmente cuál es su sentido en el mundo, pretende encontrar el verdadero amor para salir de su penosa situación, perdiendo de vista oportunidades reales.

Denisse Arancibia plantea estas situaciones con destellos de luminosidad y alegría, pero por momentos no puede seguir avanzando en el relato sin evitar caer en resoluciones simples que contradicen el espíritu lúdico con el que inicia Las Malcogidas, como si ella misma se colocara barreras que no le permiten profundizar en el universo que crea y dejando a sus personajes librados a convencionalismos.

La comedia requiere muchas veces de reglas claras a la hora de enfrentarse al espectador y de definir a los personajes con los que luego jugará, y es complicado cuando justamente esos roles comienzan a independizarse del relato siendo más fuertes que aquello que se proponía originalmente enmarcados en una línea narrativa. A nivel dirección y puesta la película logra construir un universo rico y fuerte, pero el mismo termina pareciendo más una cuestión de capricho o de estética que no termina por consolidarse debido a la débil línea y resolutiva del guion.

Justamente este es el principal inconveniente de Las Malcogidas, porque si la decisión hubiese estado en llevar al extremo las líneas temáticas, se podría haber potenciado las ideas estancas que posee y que hubiesen hecho de la propuesta una experiencia única dentro de la cinematografía de la región, apostando a lo pop y al kitch, como lo han hecho dos significativas películas como Miss Tacuarembó (2010), de Martín Sastre y Primavera (2016) de Santiago Giralt y que se encuentran en sintonía con ésta.

5.0

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