Juan Pablo Russo
27/04/2017 10:34

El chileno Daniel Peralta dirige una historia sobre las frustraciones de un treintañero que verá como una oportunidad puede ser la única opción que le queda para salir de su mediocre vida.

Andrés lee i escribe

(2017)

Andrés Centeno (Fernando Mena) trabaja en una fábrica de noche. Siente que su vida es la de un mediocre, que su trabajo no le gusta, que la relación sentimental que mantiene se volvió rutinaria y que todos sus sueños quedaron adentro de un baúl. Para colmo de males sufre de insomnio producto del cambio de vida,  por eso durante el día trabaja como actor haciendo de enfermo ante estudiantes de medicina que deben diagnosticarlo de acuerdo a las dolencias (guionadas por un médico) que presenta. Es en ese trabajo esporádico que conoce a una chica que le hará replantearse el presente desdichado en el que se halla inmerso.

Andrés lee i escribe es una historia simple, de búsquedas personales y encuentros fortuitos, de esas que el cine trasandino viene desarrollando con tan buenos resultados y que tanto se aleja de la miseria tercermundista festivalera. Las influencias están más cercanas a Sundance y al cine indie norteamericano que a Locarno o Rotterdam. Por decirlo crudamente está más cerca de Richard Linklater que de Ken Loach.

Uno de los logros de Peralta es la forma que tiene para graduar la información. Por ejemplo, en un primer momentos se presenta al personaje como un enfermo serial, hipocondriaco y hasta con ataques de pánico pero a medida que los minutos avanzan se descubrirá que es un actor que trabaja de enfermo. Otro es la fluidez narrativa para contar una historia común y corriente, sin caer en la necesidad de un guion rebuscado, con giros forzados y  aires de intelectualidad. Peralta se corre de ese lugar y la película gana.

Andrés lee i escribe es una de esas películas generacionales sobre los conflictos existenciales que afectan a un sector de la sociedad de clase media, cómoda en un punto, que no ésta conforme con su vida pero tampoco hace nada para cambiarla. Hasta que llega el verdadero amor y el hombrecito gris se convierta en un arco iris de colores.

7.0

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