Matías Ezequiel González
17/04/2017 16:59

Los diccionarios definen a la autopsia como “el conjunto de exámenes médicos que se realizan en un cadáver para determinar las causas de su muerte”. Este proceso es fundamental en los casos de asesinatos o defunciones dudosas ya que ayudan a esclarecer los motivos, sin embargo, esto no ocurre en La morgue (The Autopsy of Jane Doe, 2016). En esta película, cada avance en el proceso abre aún más el abanico de dudas sobre los hechos, y como si esto fuera poco, se pone en peligro la vida de los encargados de la funeraria. El director noruego André Øvredal retorna a las salas de cine con La morgue luego de su exitoso film Troll Hunter (Trolljegeren ,2010), un falso documental de terror destacado a nivel mundial. 

La morgue

(2017)

La morgue se centra en el hallazgo del cuerpo desnudo y semienterrado de una bella muchacha, quién es víctima de un presunto homicidio pero del que se desconocen datos precisos. La policía encarga la autopsia a los médicos forenses Tommy Tilden (Brian Cox) y Austin (Emile Hirsch), padre e hijo, que reciben el cuerpo de la joven, sin signos de violencia, en su funeraria. Ambos comienzan un metódico, preciso y sistemático proceso, en el que sus vidas estarán en constante peligro. Durante una oscura y tormentosa noche, deben encontrar las respuestas a un caso lleno de misterios guardados dentro de la joven Jane Doe.

La morgue es un espacio que muchos temen visitar pero que genera curiosidad e intriga saber lo que allí ocurre, y esto es retratado con precisión por André Øvredal, que plasma paso a paso el desarrollo de una autopsia. El complejo trabajo de maquillaje y cámara logran que el espectador se sienta “con las manos en el cuerpo”, como si fuera un médico forense, pero del otro lado de la pantalla. El director presenta una película sensorial, donde además del tacto y la vista, juega con la audición a través de ruidos que impactan como si el espectador estuviera sólo en una funeraria en medio de una noche lluviosa. André Øvredal aprovecha un espacio tan reducido como es una sala de la morgue, convirtiéndolo en un lugar escalofriante e inseguro.

Respecto a la historia, los hechos presentados crecen en intensidad a medida que avanza el film, manteniendo en todo momento la dinámica y el temor. Los primeros dos actos resultan atrapantes en cada una de sus escenas no solo por los misterios que se van develando sino también por la construcción de los personajes. En el tercer acto, la película plantea situaciones que apelan al susto tradicional en el género. Sin embargo, en este último tramo el largometraje establece un giro que puede ser aceptado por unos y rechazado por otros, pero que sin dudas resulta una sorpresa ingeniosa e innovadora.

El reparto del film se presenta sólido a través de las actuaciones de Brian Cox como Tommy Tilden y de Emile Hirsch como Austin, quienes componen un verosímil vínculo de padre e hijo, víctimas de terroríficos sucesos. También se destaca Olwen Catherine Kelly como Jane Doe que logra incertidumbre con tan solo su presencia en pantalla.

La morgue desde el inicio demuestra que no es “una película de terror del montón”, sino que crece minuto a minuto generando no solo intriga sino también tensión. Una película que con pocos recursos, pero utilizados de manera correcta y ocurrente, logran cautivar la atención del espectador.

7.0

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