Rolando Gallego
14/02/2017 23:48

Anclada en la serie de relatos que buscan, cuales fábulas, generar en el espectador empatía y dejarles una moraleja, Rock Dog (2017), bucea en el género de comedia para construir en realidad una película que intenta, a partir de la nostalgia, fundamentar su historia sobre metas por cumplir.

Rock Dog

(2017)

El film de Ash Brannon (Toy Story 2) trabaja desde el antagonismo de dos personajes, Bodi (un perro) y Angus Scattergood (un gato) -Luke Wilson y J.K. Simmons en el original-, quienes deberán conciliar diferencias para poder proteger a los amigos del primero de una amenaza letal.

Bodi es un perro ovejero que un día aburrido recibe la sorpresa de un aparato radial que cae de un avión. Sus esperanzas de poder hacer música y dejar el pueblo para triunfar comienzan a latir con fuerza dentro suyo, a pesar de la negación de su padre. Bodi abandona la aldea, con la esperanza de toparse con una mega estrella de la música, Angus, quien es presentado como un ser despreciable, abominable, que repudia el contacto con otros y que jamás se le ocurriría tomar como aprendiz al mastín. Para Bodi será a posibilidad de cumplir con su sueño, mientras que para el gato será la posibilidad de crear un nuevo hit para su discográfica.

Rock Dog es una película simple, honesta, con una animación que en lo clásico de sus dibujos, permite una rápida identificación de estereotipos y escenarios los que, en el contraste pueblo/ciudad, ocio/trabajo, perro/gato, construyen el verosímil de la historia. Si bien el rock no está presente como uno supondría por el título, la música (más baladas o clásicos pop), sí marcan el tempo del relato, dinámico, vertiginoso, desde que Bodi llega a la ciudad hasta la resolución final, y en donde la confusión, propia del vodevil, suma conflictos a la trama.

La amenaza constante como impulsor de la acción, y la estilizada participación de Scattergood, además, potencian el humor de una película que podría haber caído en lugares comunes pero que prefiere reforzar su narración con secuencias oníricas, en las que, la música y el 3D envuelven al espectador para recordarle que el arte, del tipo que sea, puede salvarnos de la rutina.

7.0

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