Emiliano Basile
14/02/2017 03:04

Es asombroso ver cómo a la hora de abordar una historia verídica toda producción con intenciones mainstream se abstrae de contextos y problemáticas sociales macro para centrarse en lo micro, como si los motivos individuales fueran superiores en importancia a los colectivos. Un camino a casa (Lion, 2016) traza esta disyuntiva con solvencia aunque reiterando dicha fórmula.

Un camino a casa

(2016)

Saroo Brierley, un niño de la India (Sunny Pawar) se pierde a los cinco años lejos de su hogar en las calles de Calcuta tras tomarse un tren nocturno por error. Allí corre varios riesgos mientras vive y duerme en la calle -adultos quieren aprovecharse de él- hasta que, finalmente mientras se encuentra en un reformatorio, tiene la suerte de ser adoptado por una familia australiana.

La película está dividida en dos partes, la primera cuenta las peripecias del pequeño Saroo, la segunda en un salto temporal de veinte y cinco años el niño se convierte en un joven (Dev Patel) aclimatado a la vida burguesa que le brinda su familia adoptiva (Nicole Kidman es la madre y David Wenham el padre). En ese contexto, el film deja de sentir pena por su protagonista y pasa a sentir empatía, cuando este sufre crisis existenciales (¿de clase media?) que lo llevan a la búsqueda de sus familiares biológicos.

El film dirigido por Garth Davis es una coproducción entre Australia y Reino Unido que sabe cómo llegarle al espectador. Se pone en los ojos de su protagonista y con él, en su sufrimiento y preocupación. Las emociones son construidas a través de los vínculos que establece (con su hermano Guddu, con su madre, y con su novia, interpretada por Rooney Mara) y más allá de lo previsible del relato -se llama localmente “un camino a casa” al igual que el libro biográfico- logra su fin de trasmitir sentimientos. No necesita recurrir al golpe bajo siendo sutil en los momentos trágicos -no se ven las desgracias en las que el pequeño Saroo podría haber caído, sólo se insinúan- aunque no deja de ser un melodrama muy bien filmado.

Similar a ¿Quién quiere ser Millonario? (Slumdog Millionaire, 2008) -al contar con el mismo actor protagónico y contexto se hace inevitable la comparación- la película toma la historia de un niño que cae en desgracia producto del destino sin hacer foco en las causas sociales que lo envuelven en esa situación de vulnerabilidad. Y como en ella, es la suerte o el azar la que lo llevan a salir de la misma. No hay causas sino casualidades, como si la historia se abstrajera de las circunstancias que la rodean.

Un camino a casa está nominada a seis premios Oscar, incluyendo el de mejor actriz de reparto para Nicole Kidman, lejos su mejor actuación a pesar de tener media cara inmovilizada por el botox, al mejor actor para Dev Patel, que está muy bien sin ser un gran actor, y lógicamente a mejor película, por su corrección política siempre bien vista por los miembros de la academia.

6.0

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