Juan Pablo Russo
30/12/2016 14:56

En El amor se hace (2016) el español Paco León no pretende educar ni aleccionar, pero sí reivindicar el sexo como realización personal, evolución gozosa, afianzamiento amoroso y magnífica manera de conocerse a uno mismo. Ése es el eje de El amor se hace, su tercera película como director tras los éxitos de Carmina o Revienta (2012) y Carmina y amén (2013).

El amor se hace

(2016)

En esta nueva película, Paco León adapta la película australiana The Little Death, escrita, interpretada y dirigida por Josh Lawson, al espíritu, humor y sensibilidad del público hispano, con un elenco multiestelar que incluye nombres como el de Natalia de Molina, Ana Katz, Candela Peña, Álex García o Luis Bermejo.

En El amor se hace cinco historias de personas con ciertos conflictos sexuales (les excitan situaciones que no son precisamente estándar) se terminan cruzando en la escena final que transcurre durante la colorida, veraniega y alegre verbena madrileña de la Paloma. De este modo, a una le excita ver cómo llora su hombre; a otra, la adrenalina de verse en peligro, y a una pareja probar cosas nuevas, incluida la visita a un concurrido club sexual.

León, que ha demostrado que no conoce límites, transmite ese mismo mensaje al espectador y le invita a gozar de la pluralidad. Sus cinco historias, en las que se mezcla, en fino equilibrio, el drama con el humor (como sucede en la vida misma) y lo cruel con lo esperpéntico, presentan a personajes que se están buscando aún, luchan por mantener sus uniones amorosas o hacen lo indecible por cariño al otro. Porque el amor no sólo se siente, también se hace, y de mil maneras: las filias sexuales se cuentan por cientos y sólo un ramillete de ellas son mostradas con tolerancia y desenfado en El amor se hace.

Desde unos títulos de crédito en forma de collage con animales en actitudes de retozo hasta la presencia constante de lo vegetal y las frutas en las escenas, además de una banda sonora repleta de canciones de reminiscencias tropicales y latinas, toda la película, epidérmica y blanca, derrocha sexo, pero poco turbio: la luz y el color inundan los fotogramas de una historia que intenta alegrar el alma al espectador, hacer que se sienta bien, que se acepte, queme los armarios, evite represiones y salga del cine con ganas de…

6.0

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