Juan Pablo Russo
10/12/2016 14:17

De la misma manera que Martirio (2016) del brasileño Vincent Carelli aborda la problemática de la tierra de los Guaraní-Kaiowá, habitantes del Mato Grosso do Sul, La virgen de la tierra (2016) se centra en los habitantes de Casabindo, un pueblo jujeño que a lo largo de 500 años de historia también fue víctima de la expropiación y el genocidio.

La virgen de la tierra

(2016)

Los puntos de contacto entre Martirio y La virgen de la tierra son muchos y abarcan desde la temática, el proceso de realización (ambas se filmaron en un periodo de 30 años), la forma, el contexto sociopolítico y hasta podría decirse que el modo colectivo con el que fueron concebidas.

Casabindo se encuentra a 4.000 metros sobre el nivel del mar en la Puna jujeña. La principal atracción turística es la festividad que se realiza todos los 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen María, donde se práctica la única corrida de toros de la Argentina, el Toreo de la Vincha. Es en esa fecha cuando Casabindo se convierte en el eje del mundo, para más tarde caer nuevamente en el olvido y ser habitada por no más de un centenar y medio de pueblerinos que aún se resisten a dejar el terruño.

Pero Casabindo no siempre fue así. En épocas pre hispánicas fue un centro de producción agraria donde vivían más de 4000 personas. Al llegar los colonizadores fueron obligados a vivir en pueblos y servir como esclavos en las encomiendas. Al tratar de recuperar sus tierras fueron masacrados en 1876 en la Masacre de Quera. Una nueva esclavitud y despojo sobrevino al ser obligados a trabajar por nada en los Ingenios Azucareros. En el siglo XX marcharon 2000 kilómetros a pie a Buenos Aires para pedirle a Juan Domingo Perón por las tierras que les pertenecen. Perón los recibió aunque luego fueron apaleados por la Marina de Guerra. Hoy siguen peleando por las tierras ancestrales contra las mineras y empresas contaminantes y, a pesar de que algunas comunidades tienen sus títulos de propiedad, fueron reprimidos durante el Rally Dakar de 2013 al intentar ejercer sus derechos.

La virgen de la tierra es el relato de estos hechos a partir de la voz de sus propios protagonistas. Nicolás Bratosevich realiza un exhaustivo estudio histórico, social y antropológico que comienza en 1986 cuando lleva adelante una investigación sobre economía campesina, y donde logra testimonios de ancianos que aún mantenían viva -a través de la historia oral- la venida de la Virgen que fundó el pueblo, así como de las masacres ocultas, el período de esclavitud, la obligación de pagar arriendos por sus tierras y cómo y cuándo comenzó el famoso Toreo. Luego volvió a rodar en los años 90, el 2005 y 2012, 2013 y 2014. La virgen de la tierra tuvo un proceso de treinta años y su realización terminó siendo colectiva gracias a la colaboración de un grupo de jóvenes indígenas fundadores de la primera radio indígena de la Argentina, la Pacha Kuty de Abra Pampa.

Imágenes de archivo, filmaciones antiguas y entrevistas a sus habitantes sirven para que Bratosevich cuente otra historia, una historia sobre tenacidad por el derecho indígena a la tierra. Películas como Martirio o La virgen de la tierra logran hacer visible lo invisible, lo que otros ocultan el cine está mostrando. Y es ahí donde todo tiene otro sentido y hace que se reformulen preguntas sobre por qué cuestiones como estás no aparecen en los medios masivos y hegemónicos. ¿Por qué será?

7.0

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