Benjamín Harguindey
25/11/2016 23:10

Basada en la obra literaria de Max Blecher y dirigida por el realizador rumano Radu Jude, Scarred heart (Scarred Hearts, 2016) trata sobre el dolor, la enfermedad y la muerte - y la forma en la que el ser humano intenta llevar una vida normal a pesar de ello. Lejos del sentimentalismo, la película advierte sobre el peligro de desensibilizarse del dolor (de ahí el título) y arriesgar la vida por ello.

Scarred heart

(2016)

El dogma del “film de convalecencia” suele ser el de recuperar las ganas de vivir, pero en este caso no aplica porque el protagonista nunca las pierde en primer lugar. Necesariamente la historia de Scarred heart va a ir en dirección contraria, y el joven y raquítico Emanuel (Lucian Teodor Rus) va a aprender a desesperar.

Diagnosticado con tuberculosis vertebral, Emanuel es internado en un sanatorio a orillas del Mar Negro. Pasado el momento de espanto, se lo toma todo con buen humor. Hace amigos. Escribe poesía. Empieza a salir (en camilla) con una chica linda (Ivana Mladenovic), que una vez convaleció en el hospital pero sigue volviendo porque la enfermedad se terminó convirtiendo en un modo de vida para ella.

A pesar de gozar de los lujos medicinales de la Rumania de 1936 (no se muestra nada explícito pero la cháchara de los médicos y el permanente coro de gritos sugieren más que suficiente), Emanuel está más que cómodo. Demuestra un ingenuo optimismo fundado en el de sus médicos, cuyo propio optimismo ya tiene sombras de sadismo.

Pero a la larga su optimismo comienza a flaquear. Los pacientes que mejoran mueren súbitamente; los que empeoran se vuelven a sus casas al día siguiente. No parece haber lógica o propósito en su calvario. Sus intentos de seguir el ritmo a una relación romántica o aunque sea sexual se vuelven más rebuscados, consumen más esfuerzo, y cada vez satisfacen menos. Más y más Emanuel parece estar viviendo en un estado de negación, delatados sus sentimientos en los lúgubres textos (probablemente sacados de los diarios de Blecher, quien convaleció de tuberculosis durante los últimos años de su vida) que interrumpen la película cada tanto.

Scarred heart es una película dura de digerir pero no es ni la mitad de la tortura que su temática o su obscura filosofía prometen. No es un ejercicio en tener lástima. Hace un excelente trabajo al no dejar el punto de vista de Emanuel y poner al espectador en su sitio, experimentando simultáneamente todo lo bello y lo penoso que le toca vivir, en toda su gloria y patetismo.

8.0

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