Rolando Gallego
25/11/2016 17:03

Hacía ocho años que la realizadora Albertina Carri no presentaba un largometraje. Abocada a múltiples tareas, el cine había quedado postergado ante la falta de un proyecto atractivo que la llevara a ponerse detrás de cámaras. Pero Carri, lo ha dicho en más de una oportunidad, deseaba profundamente volver al ruedo y decide hacerlo con el personalísimo Cuatreros (2016), un ensayo que juega con el cine y ofrece una mirada lúcida sobre el mismo y en el camino deja algunas reflexiones sobre la profesión y su propia vida.

Cuatreros

(2016)

Cuatreros surge como la posibilidad de retomar un proyecto maldito como lo fue el de llevar a la pantalla la épica de la familia Velázquez, últimos exponentes de gauchos revolucionarios, que sirven para comparar y contrastar su propia historia y la de otros. Si la elección de la narración en off constante, podría perturbar la calma necesaria para poder absorber y procesar la multiplicidad de información que Carri coloca en la narración, a los pocos minutos y en ese diálogo imaginario vemos como no solo funciona como guía para poder adentrarnos en el laberinto que construye, sino que, principalmente, permite que la conexión con el relato sea efectiva.

El archivo es resemantizado, pero no en un sentido ilustrativo, la incorporación de la directora con anécdotas y sentimientos, los nombres que dispara, y la directa mención al dispositivo y la industria, terminan por configurar el diferencial del film. Además, y para complejizar aún mas todo, pero en el buen sentido, la utilización de autores para poder construir su relato son nombrados para también dar cuenta que estamos asistiendo a un ensayo personalísimo sobre ella, su vida y el cine.

Así y todo, por momentos la duda sobre las anécdotas y comentarios, permiten aún más el juego por parte del espectador, que seguramente se preguntará si aquello que está escuchando son verdades sobre la directora y su entorno o si tal vez (no lo sabemos) son recreaciones imaginadas sólo con el fin de potenciar sus ideas. Y más allá de la ubicación de Carri en el primerísimo lugar que se coloca, hay una posibilidad de deslumbrarse con el juego que realiza con cada uno de los materiales, ya que el archivo dispara un sinfín de expresiones asociadas a la decisión de dividir la pantalla en dos, tres y hasta en cinco, lo que requiere una elección particular para ver en dónde se depositará la mirada.

La directora revisa el pasado, analiza hechos que finalmente no le permiten construir una historia sobre la misma, entonces se va hacia otro lugar, un espacio en donde el errabundeo y la construcción permiten que avance en un universo particular como el que crea.

El quinto largometraje de la directora linda la ficción y el documental, y si en el arranque ella dice “voy tras los pasos de Isidro Velázquez, el último gauchillo alzado de la Argentina”, en realidad lo que manifiesta es justamente esa impronta de búsqueda, de pesquisa, porque justamente allí es en donde el film se potencia y ella como realizadora se introduce en el relato, generando una obra principalmente provocadora, que requiere de un espectador activo sin inhibiciones.

7.0

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