Ezequiel Obregón
25/11/2016 11:41

El documental de Fernando Arditi y Mariano Vega  aborda la compañía canina en tres hombres que sufren la soledad de distinta manera.

Vida de perros

(2016)

Vida de perros (2016) ingresa en la vida de tres hombres para mostrar cómo sus respectivos perros contribuyen, de alguna forma, a mejorar su calidad de vida. El recorte que hacen Arditi y Vega no sólo es de género; los hombres oscilan entre la clase media baja y la clase media, además de vivir en contextos urbanos. En compactos sesenta minutos, el documental da cuenta de cómo es tener un perro; disfrutar de su fiel compañía (ya han escuchado: “el perro es el mejor amigo del hombre”) y al mismo tiempo saber cuidarlo.

Durante buena parte de la película, la cámara entabla una relación directa con los perros. Mientras tanto, sus dueños hablan sobre sus vidas, sus deseos y, claro, las pérdidas que sufren o sufrieron. Los realizadores acertaron a la hora de buscar esas carencias, que son diversas: en un caso la ausencia de pareja, en otro la del hijo deseado y, finalmente, la ausencia paterna. Vida de perros tendría un título más ajustado si se llamara Vida de dueños de perros.

Más allá del “jugueteo” entre la cámara y los perros, impera una puesta sencilla, esencialmente dada por el plano entero y el entrevistado sentado o la cámara en mano dispuesta a “inmiscuirse” en la intimidad entre la mascota y su dueño. Los testimonios se concentran en las biografías de estos hombres, pero también en cómo sus animales llegaron a sus vidas y la forma en la que sus presencias los han ayudado a sentirse mejor. De los tres casos en su conjunto, no cabe duda de que el documental pone en foco la cualidad “terapéutica” de tener un perro en casa.

Las carencias de Vida de perros no están dadas por la simplicidad de la puesta. Algo que es al mismo tiempo una elección de los realizadores. El problema está en que mediante esa simpleza se retratan tres casos distintos en los que se repiten las mismas ideas. El hecho de que sean “hombres comunes y corrientes” ayuda a entablar una dialéctica con el espectador, pero no genera una suficiente empatía como para poder encontrar en cada uno un rasgo más distintivo que valide o le aporte más interés a su testimonio. Sí puede generar una marcada distancia el tercer entrevistado, quien se jacta de no levantar el producto de las necesidades de su mascota en la vereda (y hasta admite la preocupación de ser visto). Que el documental termine con planos cercanos de diversos tipos de material fecal canina no le hace ningún honor, por más “música simpática” que lo sonorice.

6.0

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